“Dejé todo por la gimnasia”

Bernardo Aquino tiene un bagaje de vida poco usual. Nacido en la Villa 1-11-14, el gimnasta de Cardán hoy integra la Selección Argentina, da clases particulares de gimnasia, trabaja como chef y también estudia para ser diseñador industrial. Una historia digna de leer.

Por Micaela Piserchia
(@micapiserchia)

Ahí estaba. Buscando un lugar para atar la bicicleta y otro para dejar su bolso, que viene cargado de elementos gimnásticos para las clases particulares que brinda en el barrio de Devoto. Se sentó y, de manera inmediata, comenzó a contar de su trabajo, de las materias que tiene en Ciudad Universitaria y de lo cansado que llega después de hacer malabares con todas sus obligaciones, incluida la gimnasia. Ese es Bernardo Aquino, un pibe de barrio que, con 23 años vivió mucho y, seguramente, tenga mucho más para contar…

“Yo viví en la Villa 1-11-14 hasta los 14 años, que fue cuando tuve un problema familiar entre mis hermanos, mi pareja y yo. Con una discusión me fui a la casa de mis primos, a 10 cuadras fuera de la villa. Estuve viviendo ahí y en mi casa, hasta que me dieron el ok para alojarme ahí. Entonces, para aportar allá, dejé el colegio y tuve que empezar a trabajar”, comenzó. Y todo fue decantando de a poco: sueños, momentos más oscuros, acercamiento al deporte del cual hoy es representante mundial y agradecimientos desde el corazón.

Sus inicios en la gimnasia fueron muy particulares. Bernardo Aquino llevó sus recuerdos a una una anécdota que vivió en la escuela y relató: “Fue gracias a una profesora de la primaria, cuando tenía nueve años. Yo hice una medialuna y le pegué a un chico, entonces vino la profe de educación física y me pidió el cuaderno de comunicaciones para ponerme una nota. Yo me rehusé a toda costa, pero ésta decía que me citaba al club Huracán para hacer gimnasia artística. Ahí conocí a Santiago Villareal (personaje casi principal en la historia de Bernardo) quien me orientó en suelo, cuando pasé Pedro Echague conocí el doble mini, aunque no nos daba el techo para practicarlo. Ya de grande, a los 13 años, me puse a practicar trampolín en Argentinos Juniors”.

Aquino contó que vivió en Tigre y trabajó en una librería, pero decisiones personales lo hicieron volver a Capital, más precisamente al barrio de Flores, donde alternaba las noches en lo de su entrenador, Villarreal, la casa de Leandro Luján y la habitación que alquilaba. “Me fui alejando de mi familia, estaba muy metido en lo mío. Fui bachero, ayudante de cocina, cocinero, trabajé en un local de medialunas y a todo esto Santiago ni sabía que había dejado el colegio. Obviamente me obligó a terminarlo”, contó Bernardo, mientras añadía vivencias a aquello que parecía ser una trama de cine. Confesó haber pasado noches en la plaza cuando le tocó vivir en Almagro: “Fue lo más feo que enfrenté, era un lugar que era gratis e iban los cartoneros a pasar la noche. Te despertabas y siempre te faltaba algo y es por eso alguna que otra vez preferí dormir en la plaza; de ese lugar me rescató el papá de Leandro Luján, uno de mis mejores amigos”.

Quizá su punto de inflexión fue la “adopción” de los padres de Male, quien ahora es su novia actual y lo fue también hace cinco años, cuando, en ese momento, había llegado a su casa lesionado. Vivió tres años con ellos -hasta 2014- y en ese entonces metió quinta, porque trabajaba, hacía el secundario en el turno de la noche y casi de madrugada terminaba de entrenar. A su vez admitió que sigue viendo a Adriana (NdeR: la llamó mamá) y a Mario (padres de Malena y suegros) y que los quiere como si fueran sus papás. Evidentemente, el cariño es mutuo.

Hoy, el muchachito del flequillo -como solía peinarse religiosamente en los torneos- recuerda con valentía todos esos momentos difíciles porque ya son cosa del pasado: instalado en el barrio de La Paternal, y combinando horarios para poder estar en el trabajo, dar clases en Devoto, entrenar en Cardán y estudiar Diseño Industrial, confesó estar “más relajado y más que contento con todo lo que hice y logré”. ¿Qué queda de aquella familia que lo crió en la 1-11-14? Aquino tomó aire y se sinceró: “Mi madre y hermanos aparecieron, quedó todo bien y aclarado. Ella no tenía posibilidad de mantenernos cuando se separó de mi papá a mis 12 años, sé que ahora tiene un buen sueldo, aunque ya somos grandes y sé que no le voy a ir a pedir nada. Hablamos con todos. Mi papá está soltero y está haciendo su vida, yo no le voy a decir qué tiene que hacer”.

“Berni” –como le dicen todos-, contó muy emocionado sobre la chance que tuvo de viajar al Vaticano el año pasado y se mostró por demás agradecido a pesar de las vicisitudes que debió atravesar para alcanzar el lugar en el que se encuentra hoy en día. También se acordó de Olinda Canetti, jefa de su papá, “que estuvo siempre cuando lo necesité y sigue ahí aún ahora”, considerándola importantísima en su vida. “Hice tres mundiales, fui a panamericanos, sudamericanos y pude clasificar a muchos torneos importantes. Siempre me puse en mente lograr algo en gimnasia cuando había dejado el colegio, así que me gustaría agradecerle a Santiago todo lo que hizo por mí. Si algún día clasifico a un Juego Olímpico, me encantaría que estuviera conmigo para darle ese regalo porque sería muy lindo compartir eso con él”, mencionó uno de los tres mejores trampolinistas del país, a la vez que soltó sus deseos para con su vida personal y profesional, que tienen que ver con poner su estudio en pos de la gimnasia, para, por ejemplo, “construir camas elásticas nuevas”.

Pese a haber sentido la discriminación de cerca por el simple hecho de “ser de la villa”, Bernardo hizo un giro de 360° con su imagen y se renovó a partir de metas y objetivos que se propone cummplir día a día. Mostró que el deporte lo mantuvo motivado durante todo ese trayecto andado y es la misma gimnasia la que mantiene latente sus pasiones. Sin dudas, una historia para escuchar y emocionarse, pero sobre todas las cosas, una de la cual vale mucho la pena aprender.

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