
Argentina terminó invicta, venció a Brasil y aseguró su clasificación a Lima 2027 en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. El título confirmó fortalezas, aunque también dejó aspectos por ajustar ante los rivales que más lo exigieron.
Por Iñaki Erreguerena
Los Gladiadores terminaron los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 con la medalla dorada, pero reducir su participación al primer puesto sería quedarse únicamente con el resultado. El equipo de Rodolfo Jung atravesó distintos tipos de partidos durante cinco jornadas y mostró recursos para resolverlos: dominó cuando existió una diferencia clara de nivel, defendió cuando el ataque no funcionó y soportó dos finales cerrados ante los rivales que más lo exigieron.
Argentina cerró invicta con victorias ante Paraguay por 27-17, Brasil por 18-17, Perú por 41-11 y Uruguay por 31-17, antes del empate 27-27 frente a Chile. Los 9 puntos y la diferencia de gol le permitieron superar a los chilenos en la tabla y retener el título obtenido cuatro años antes en Asunción 2022. Fue, además, la cuarta medalla dorada masculina argentina en la historia de los Juegos Suramericanos.
La actuación más significativa probablemente haya sido la que menos goles tuvo. El 18-17 contra Brasil obligó a los Gladiadores a ganar desde un lugar diferente al habitual: Argentina sostuvo un encuentro de baja eficacia ofensiva mediante una defensa muy consistente y una actuación determinante de Agustín Forlino, que terminó con 17 atajadas y un 50% de efectividad. Pedro Martínez, además de liderar el trabajo defensivo junto a Santiago Laborde, fue el máximo anotador argentino con 7 goles.
Ese partido dejó una de las señales más interesantes del torneo. Cuando Argentina no encontró fluidez ni consiguió transformar sus ataques en goles, tuvo una estructura defensiva capaz de mantenerla dentro del encuentro. En una competencia internacional, y especialmente pensando en compromisos de mayor nivel, esa capacidad para sobrevivir a los malos momentos puede resultar tan importante como la producción ofensiva.
Frente a rivales inferiores, en cambio, los Gladiadores hicieron lo que correspondía. El 41-11 contra Perú permitió administrar cargas y ampliar la rotación, mientras que el 31-17 ante Uruguay mostró otra característica positiva: después de un comienzo irregular en ataque, Argentina llegó al descanso 17-11 y terminó quebrando definitivamente el encuentro durante el segundo tiempo. No todos los partidos comenzaron bien, pero el equipo encontró soluciones antes de que esas dificultades comprometieran el resultado.
La contracara apareció precisamente en esos comienzos. Ante Paraguay hubo minutos de poca claridad ofensiva después de un buen arranque; contra Brasil bajó considerablemente la efectividad; frente a Uruguay volvió a comenzar errático. Fueron problemas que Argentina pudo corregir durante los encuentros, pero la repetición permite considerarlos una cuestión a revisar y no simplemente episodios aislados.
Chile terminó de poner esa irregularidad bajo la lupa. Argentina consiguió una diferencia de cuatro goles durante el segundo tiempo, pero no logró administrarla y su rival llegó al 25-25 cuando restaban tres minutos. Los Gladiadores volvieron a adelantarse y finalmente recibieron el 27-27 sobre la chicharra. El empate alcanzaba por la diferencia de gol acumulada durante el torneo, pero el desarrollo mostró que todavía existen márgenes de mejora cuando el equipo necesita controlar una ventaja frente a un adversario de nivel similar.
También hubo respuestas individuales importantes. Forlino volvió a aparecer en el encuentro decisivo con 11 atajadas, mientras que Tobías Torossian convirtió 8 goles ante Chile. Bautista Torossian aportó conducción, gol y asistencias en distintos pasajes, y jugadores como Souto Cueto, Martínez, Laborde y Ceccardi tuvieron participación relevante durante una competencia que exigió jugar cinco veces en pocos días.
Por eso, el balance de Santa Fe resulta positivo incluso antes de mirar la medalla. Argentina consiguió el objetivo clasificatorio, terminó sin derrotas, volvió a imponerse a Brasil y comprobó que puede ganar partidos desde diferentes registros. Al mismo tiempo, Chile expuso dificultades para cerrar un encuentro favorable y varios rivales consiguieron incomodar el ataque argentino durante determinados pasajes.
El oro, entonces, funciona mejor como punto de partida que como conclusión. Los Gladiadores aseguraron una de las plazas directas para los Juegos Panamericanos de Lima 2027, al igual que Chile, y Santa Fe dejó una base competitiva sobre la cual trabajar.
Para el equipo de Jung, el desafío será trasladar esas virtudes a un nivel de exigencia cada vez mayor: conservar la solidez defensiva y el rendimiento de sus arqueros, pero conseguir mayor continuidad ofensiva y aprender a administrar mejor los momentos favorables. Los Juegos Suramericanos entregaron una medalla dorada; desde el análisis, entregaron algo posiblemente más útil para el proceso: información concreta sobre dónde está parado el equipo y qué necesita mejorar.
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