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Deportes de invierno

El deporte de invierno, cada vez más lejano

Luego de unos nuevos Juegos Olímpicos de Invierno, nos preguntamos cuánto está haciendo Argentina para mantenerse como líder en la región. ¿Falta incentivo deportivo o es simplemente desinterés?

Por Franco López Larrañaga

Los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022 ya son historia y, como ellos, también lo fueron las participaciones de los seis atletas argentinos. Una vez más, Argentina no estuvo cerca de pelear por diplomas ni mucho menos por medallas. Eso no está mal. Es sabido que hay una brecha sustancial entre las potencias en la disciplina como Noruega, Suiza, Alemania o Estados Unidos.

El problema surge cuando Argentina, históricamente referente del deporte invernal en la Latinoamérica, empieza a perder terreno con países de menor o escasa trayectoria en el campo. Incluso, si Argentina se compara con la propia Argentina de años atrás, también se va a encontrar en desventaja. ¿A qué se debe esta situación?

Si analizamos Beijing 2022 en cuanto a los números, Argentina, país sede de los mejores centros de esquí del Hemisferio Sur, llevó menos atletas que Turquía, Jamaica o Brasil. La delegación nacional, numéricamente, se pudo incluso equiparar con países como Armenia, Irlanda, Israel o Bosnia-Herzegovina, que también llevaron seis atletas. De todos estos, solo el último posee centros invernales de jerarquía.

Si Argentina se compara con Argentina, el análisis también se asocia con la desesperanza. Beijing 2022 fue el Juego Olímpico de Invierno con menor cantidad de atletas nacionales desde Nagano 1998. Es cierto que el bajo número de clasificados se puede asociar a la pandemia y las dificultades que esta presentó a la hora de entrenar y competir. Incluso se puede estudiar la clara influencia de los Simari Birkner, que desde Sochi 2014 dejaron de participar en estos eventos.

La problemática, aclaro, no se da en base a los resultados obtenidos, porque si vamos al caso, Francesca Baruzzi, de solo 23 años y debutante absoluta en Juegos Olímpicos, consiguió uno de los mejores resultados históricos para el país en esquí alpino. Incluso Verónica Ravenna, en sus segundos Juegos, estableció el mejor registro olímpico en luge para el país. La problemática se da a partir de repasar por qué Argentina lleva solo seis atletas y por qué Argentina queda lejos de los puestos de medalla.

Verónica Ravenna y Victoria Rodríguez López viven en Canadá y Estados Unidos respectivamente. Compiten en deportes como el luge o el patinaje de velocidad que no tienen manera de practicar en nuestro país. Y he allí uno de los inconvenientes. Argentina tiene uno de los mejores paisajes y lugares para practicar esquí y snowboard, pero deja de lado otros deportes que pueden ser atractivos para otros públicos. Vicky Rodríguez practicó patín inline durante mucho tiempo y se terminó volcando a la variante de hielo por haber tenido la posibilidad de hacerlo. Imagina cuántas otras chicas y chicos podrían tomar una decisión similar si tuviesen dónde hacerlo.

Es evidente que la débil situación económica del país atenta contra el desarrollo de estas actividades o el apoyo a los atletas, pero incluso en el esquí alpino, esquí de fondo, biatlón o snowboard, que son deportes donde Argentina se podría considerar experta en la región, surgen trabas. Los esquiadores y riders argentinos tienen un vasto calendario para competir en Sudamérica durante los meses de invierno en el Hemisferio Sur. Sin embargo, la cosa se complica cuando tienen que continuar su preparación compitiendo en Europa. El dinero no alcanza para enviar a varios deportistas al Norte, por lo que muchos recurren a su propia billetera con el fin de financiar sus carreras.

Que no haya habido ninguna cadena importante de televisión que transmitiera los Juegos en nuestro territorio tampoco acompaña la idea de progresar en el campo. Pero, ¿el desinterés va ligado a la ausencia de resultados o es al revés?. En fin, ese círculo vicioso no hace más que agrandar la rueda. Compromiso y ganas de cambiar es lo que hace falta. Y también escuchar a los deportistas y aceptar que son ellos los representantes más sanos y responsables que tiene un país cuando viaja al mundo.

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