Milano Cortina 2026 como París 2024

Si el verano de 2024 devolvió al olimpismo su capacidad de seducción mundial, los próximos Juegos de Invierno se enfrentan al reto de llevar esa misma energía a los Alpes italianos, apoyados en cifras concretas y decisiones estratégicas, con la esperanza de dar otro golpe histórico.
La comparación entre ambos eventos no es casual ni caprichosa: para el Comité Olímpico Internacional, el espectáculo de París marcó un punto de inflexión tras una década de trastornos organizativos, una pandemia, tensiones geopolíticas y una disminución del público. La capital francesa funcionó, conmovió a la gente, atrajo multitudes y reconstruyó la narrativa olímpica desde una perspectiva urbana, a través de la cultura y la participación ciudadana. Italia ahora se mira en ese espejo, aunque con un reflejo más matizado y necesariamente diferente.
París no se limitó al ejercicio desapasionado de albergar competiciones; las integró en su geografía emocional a través de una ciudad convertida en un escenario vivo, con el Sena como pasarela olímpica, la Torre Eiffel como telón de fondo nocturno y plazas y parques transformados en puntos de encuentro. Andrea Varnier, director ejecutivo de Milano Cortina 2026, reconoció que este uso del entorno fue una de sus grandes lecciones. “Utilizaron París de forma extraordinaria al integrarla en la construcción de las sedes”, explicó en una entrevista oficial en septiembre de 2024, quizás consciente de que replicar esa fórmula es complejo en términos urbanos y logísticos, pero inspirador para otras ambiciones.

Milano Cortina ofrece una lógica diferente basada en el contraste, con la gran metrópolis de Milán como punto de referencia operativa, mientras que la competición deportiva se extiende por las sedes históricas del arco alpino de los Dolomitas. Ni Bormio, ni Val di Fiemme, ni Anterselva, por nombrar algunos, son escenarios improvisados, sino lugares con décadas de tradición en la Copa del Mundo y campeonatos internacionales. Todos ellos, lejos de un único corazón olímpico, asumen ahora la tarea de coexistir como un conjunto de pulsos simultáneos. “Vamos a lugares emblemáticos de los deportes de invierno que los aficionados conocen bien”, declaró Varnier, defendiendo un plan que prioriza la vuelta a la esencia.
Esta diferencia territorial establece una profunda divergencia en la concepción del evento como experiencia colectiva. París concentró más del 80 % de sus recintos a menos de 10 kilómetros del centro de la ciudad, lo que permitió un flujo constante de espectadores que se tradujo en cifras récord de asistencia, con más de 12 millones de entradas vendidas, según el comité organizador. Milano Cortina, con recintos separados por hasta 400 kilómetros, asume desde el principio que la experiencia será más fragmentada y que la cohesión deberá construirse mediante enfoques como la producción televisiva y la narración, un desafío que obliga a repensar cómo generar continuidad emocional cuando el espectador no comparte el mismo espacio físico.
Desde el principio, la ceremonia inaugural constituye una declaración de intenciones. A diferencia de la apuesta francesa por un evento abierto, fluvial y multitudinario que reunió a más de 300.000 personas a lo largo del Sena, Italia ha optado por una inauguración dual que refleja su propia anatomía. Milán y Cortina d’Ampezzo albergarán actos simultáneos conectados por una única producción, una decisión sobre la que el propio director creativo del espectáculo, Marco Balich, declaró recientemente: “Es necesario un diálogo armonioso entre la humanidad y la naturaleza, entre la ciudad y la montaña”.

Una investigación académica de las universidades españolas de las Islas Baleares y Oviedo, publicada en la revista científica Tourism Management, introduce una advertencia al recordar que los beneficios de los megaeventos deportivos suelen ser modestos, temporales y desigualmente distribuidos. Esta conclusión conecta directamente con la experiencia de París y arroja una sombra de escepticismo sobre las expectativas italianas.
La presidenta del COI, Kirsty Coventry, abordó el tema con equilibrio diplomático, recordando a principios de enero que “el COI había solicitado que no se construyera una nueva instalación”, al tiempo que subrayaba que el país anfitrión tiene derecho a decidir y defendía la pista Eugenio Monti como parte del legado deportivo.
Inevitablemente, todo ese arco de decisiones también moldea la forma en que se construye la narrativa deportiva. Mientras que el de París se sostuvo gracias a una constante acumulación de momentos y protagonistas, impulsada por la proximidad de las sedes y la diversidad de disciplinas —entre las que destacaron la gimnasia artística, el atletismo y la natación—, el de Milano Cortina construye su magnetismo en torno a los deportes que constituyen la columna vertebral del programa de invierno. Aquí es donde surge la fiebre del hockey sobre hielo en el evento italiano, teniendo en cuenta que las estrellas de la NHL regresan al escenario olímpico tras 12 años de ausencia, reavivando la rivalidad entre Estados Unidos y Canadá.
Entre legado y expectativa, Milano Cortina 2026 acelera en los metros finales, mirando por el espejo retrovisor a París, ya que la producción italiana de invierno no busca ser una réplica sino demostrar que el impulso generado en 2024 puede adaptarse a diferentes coordenadas.
Fotos: Google





