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8 de marzo: “En el fútbol las mujeres no eran prioridad”

Otro 8 de marzo atraviesa el calendario, y las chicas van ganando, lentamente, espacios que años atrás eran impensados. La LIFFEBA es una liga de fútbol para mujeres, sostenida y creada por mujeres. Niñas y adolescentes de barrios vulnerables de Capital y Gran Buenos Aires compiten entre ellas representando a sus clubes todos los sábados.

Por Sol D’Amato

El 8 de marzo se convirtió en un día para la reflexión, no para un saludo de “felicitaciones”. Las mujeres de a poco van ganando terreno en espacios laborales y deportivos donde hasta no hace muchos años no tenían lugar. Yendo a lo estrictamente deportivo, hay prácticas que por suerte se están visibilizando y cuestionando. Ya no se naturaliza la exclusión, la discriminación, ya hace ruido que haya espacios para algunos si y para otras no… El último ejemplo es el de Juana Cángaro, la futbolista de la Selección Argentina sub 17, que cuando tenía 11 años no pudo continuar compitiendo con varones, y tampoco tenía ligas femeninas donde ella pudiera jugar.

Hace 4 años, Josefina Duffó encontró la posibilidad de reivindicar a las niñas en el fútbol. Junto a un grupo de mujeres docentes y deportistas, abrieron un espacio deportivo en el Club Padre Mugica, de la Villa 31, en Retiro. Allí, niñas, adolescentes y adultas empezaron a entrenar fútbol, para luego competir, poco a poco, contra otros clubes.

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“La Liga surgió en 2018, desde los clubes parroquiales. Hay una agrupación que es la Unión de Clubes Parroquiales que están todos en barrios de bajos recursos (Soldati, Villa 15, Mataderos, Barracas, Parque Patricios, Villa 31, etc). Después de hacer algunas pruebas piloto, se decide lanzar una liga de fútbol femenino, con la idea de hacerlo formativo. La convocan a Josefina Duffó, que tenía la escuelita en el club Padre Mugica, y por eso se establece la Villa 31 como sede. Cuando aparezco yo, surge el nombre de LIFFEBA (Liga de Fútbol Femenino Barrial), y empezamos a convocar otros clubes”. Quien acerca esta historia es Camila Casalet, parte del proyecto desde el principio, como dirigenta.

“Ese año tuvimos alrededor de seis, ocho clubes. Había nenas desde los 5 o 6 años hasta mayores, sin límite de edad. El torneo de mayores se fue eliminando, para enfocarnos en las edades formativas, que había menos ofertas. El primer año fue espectacular, hicimos un gran cierre con muchos clubes y premios. Al siguiente año se sumaron más clubes, pudimos hacer los playoffs, todos en el mismo predio. El año de pandemia hicimos movidas de manera virtual, tratando de ayudar a los clubes con subastas. Nos acompaña AFFAR (Asociación Femenina de Fútbol Argentino), que nos consiguieron elementos para subastar”, agregó Camila.

Este proyecto es más grande año tras año. Como crece la necesidad de visibilidad femenina, cada 8 de marzo. Crece, con el apoyo de los clubes parroquiales, con el apoyo de AFFAR y con el apoyo sin duda de las mujeres que buscan cambiar la realidad de sus hijas: “Gracias a proyectos con el Ministerio de la Mujer, que nos permitieron comprar la cámara para la Liga, por ejemplo, pudimos integrar a un grupo de mujeres que nos ayudan yendo a la cancha, hacen las planillas de los partidos, porque como el año pasado se sumaron muchos clubes, no dábamos a basto para ir a todas las fechas en todas las sedes. Siempre con el objetivo de formar jóvenes, también sumamos árbitras de los barrios que nos proponen los clubes, que capacitamos y les damos un trabajo temporal los fines de semana”, contó Casalet.

“El fútbol y las mujeres siempre sucedió, pero lo que hacía falta era un espacio para eso. Veníamos observando que las ligas eran masculinas, y como había un par de chicas en los clubes, metían algún torneito para mujeres, pero no eran la prioridad. Las chicas jugaban en los huecos donde los hombres les permitían jugar. Entonces decidimos hacer una liga solamente de mujeres para mujeres y con la prioridad de las edades formativas. Muchas de las ligas suceden, pero para adultas mayores. Nuestro objetivo justamente es alcanzar a las edades de 5 años en adelante”, reconoció.

El caso de Juana no es un caso aislado. La jugadora de la selección argentina fue excluida de la liga mercedina, por reglamentación AFA, nada mas ni nada menos. Ella no podía integrar la competencia con varones, pero no tenía una liga de mujeres donde desarrollarse deportivamente. Luego de presentar recursos de amparo y hasta la solicitud del propio intendente de Mercedes de permitirle competir, tomó la decisión de probar suerte en River, donde ahora es parte de la reserva. Y ahora, en pleno 8 de marzo, se convirtió en referente del fútbol femenino.

8 de marzo: Juana Cángaro luego del gol en el Sudamericano de Montevideo

“En cuanto a las familias, hay mucha más aceptación de la que una creería. Creo que en los barrios populares se vive el fútbol masculino y femenino desde chiquitas/os, ahí no hay tanto prejuicio, eso es lo bueno que tiene hacer la Liga en estos lugares. Obviamente que dentro de cada familia deben existir ciertas pujas, pero hay una gran aceptación porque son espacios que las nenas buscan y necesitan”, contó Casalet.

“Sí, lo que vemos en las familias es que el varón va a entrenar siempre. Ahora, la nena de la casa en general, como son familias bastante precarias, debe anteponer al entrenamiento un montón de cosas, si la mamá está trabajando, ella se queda cuidando a sus hermanos, haciendo la comida o las cosas de la casa. Como que siempre hay un montón de prioridades antes, que no es la de hacer deporte. Eso es algo que tenemos que seguir laburando, pero tienen la motivación de no jugar por jugar, al tener un torneo e ir a un partido el fin de semana, eso hace que el entrenamiento realmente sea significativo y traten de hacer lo imposible para no faltar”, continuó.

“De las familias buscamos cada vez más el apoyo, se busca también que alguien de la familia, de los clubes, esté en la mesa planillando para que también se involucren y vayan a ver a sus hijas, porque si es real que no hay mucho acompañamiento de la familia, creo por cuestiones de trabajo, de tiempo”.

“Esta competencia tiene como positivo el sentido de pertenencia de cada una de ellas a sus clubes, el pertenecer a una Liga las hace sentir más empoderadas en lo que es el deporte. Pensemos que todos estos partidos suceden en los barrios, y la mayoría de las canchas son públicas, entonces es una lucha constante por el espacio, y quienes tienen la prioridad ahí son los hombres. Entonces, al existir una Liga Femenina con cierto profesionalismo, con fichajes y estructura, se le da más importancia, y esa misma importancia se tiene que trasladar al espacio que se le da. Si un club tiene su cancha pública, la tiene que pedir no sólo para la liga masculina, sino para la femenina, y se tiene que respetar ese horario en el que se juega, sin importar quienes lo hagan”, concluyó Casalet.

Empatar. Tener el mismo espacio, ser respetadas de la misma manera, con los mismos derechos, los mismos espacios, la misma educación, la misma posibilidad. No es tanto lo que se pide cada 8 de marzo. Tener que seguir pidiendo no hace que sea un “feliz día”, pero estas acciones, creadas y bancadas por las mismas mujeres, acercan poco a poco a un mundo más equitativo, igualitario en cuanto a oportunidades, sin importar el género.

Sol D'Amato

Periodista Deportiva, Profesora de Educación Física y Fotógrafa. Hablo de básquet, género y noticias generales

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