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Matías Santiso: De Liniers a Louisville, sin escalas

Matías Santiso

Problemas de colesterol, una ambición desaforada por el éxito, y una tarjeta roja, le dieron a la natación argentina su primer juvenil en bajar los cincuenta segundos en los cien metros libre.

Por: Franco Zabala

Alto, potente, canchero y metódico. Para todo aquel que lo quiera conocer en una línea: Matías Santiso es la versión humana de picar un quinto penal.

Hoy, la fiera está en la Universidad de Louisville, en el estado de Kentucky, pero hace unas semanas se vistió de humano para charlar un rato y abrir paso a quién es.

Vivir en el país de la libertad

Matías Santiso

Frío. Mucho sol, y una mañana de invierno adornada por vientos ásperos. Bajo un camperón enorme que exponía el escudo de su club al frente, se dirigía el campeón a la cafetería.

– Te voy a pedir un tostado y un exprimido de naranja.

– ¿Mediano o grande el jugo?

– Mediano.

Había terminado lo que sería uno de sus últimos turnos en la capital, le faltaban menos de cinco días para partir a los Estados Unidos de Norteamérica. 

Estaba tranquilo. Ni siquiera había armado la valija. Si alguien se lo hubiera cruzado por la calle, jamás habría adivinado que estaba a punto de partir a la otra punta del continente. Sumado a eso, la cuenta regresiva para sus primeros Juegos Panamericanos de mayores, ya había comenzado. 

Su mente está completamente abocada a la vida de universitario. No tenía nada armado, pero sabía la geografía de su próximo hogar a la perfección. Ya había hablado con el que hoy es su compañero de cuarto, y estaba al tanto de todas las instalaciones, desde la pileta hasta el gimnasio, pasando por el hotel y el campus.

– Es todo de primer nivel, eso sale también.

Matías está becado al cien por ciento, de lo contrario debería pagar una cuota que oscila los cuarenta mil dólares, monedas más, monedas menos. Este precio se balancea con el esquema que plantean las universidades, en el cual “todo está esquematizado para que vos te gradúes en cuatro años”.

Para poner en comparativa otras instituciones de distintos niveles, Harvard no baja de los ochenta mil, Virginia de los setenta, y la de Florida de los cincuenta

– Para nosotros es impagable. Pero para los yankees también es impagable. 

Hay un pequeño detalle: estos costos incluyen la vivienda dentro del campus, factor que incrementa todo tipo de número. Matías ya tiene pensado vivir por su cuenta y ahorrar ese dinero extra, aunque no planea poner esa idea en marcha apenas pise el país de la libertad. Además de eso, también existe la posibilidad de trabajar hasta veinte horas dentro del campus, otro plan que no llegará hasta por lo menos pasados dos meses.

El modelo yankee argentino

Matías Santiso
Matías, en el torneo donde bajó los cincuenta segundos en los cien metros libres

– ¿Cómo es tu beca?

– Es un contrato, una beca para formar parte del equipo. No creo que me la retiren en caso de no bajar marcas. Igualmente, ellos no te dejan tirado, en todo caso me tradearán, te cambian con otra universidad.

– Ah, como los clubes acá.

– Exacto. Es muy similar a los clubes de fútbol. Todo lo que es el movimiento y el ambiente deportivo, es muy similar. 

Allá por el 2020, fatídico año pandémico, Matías contactó a una empresa de scouting (ojeadores profesionales de talentos) para que actuara como intermediario entre el velezano y alguna universidad norteamericana. 

Dos factores lo frenaron. El primero, la edad. Matías tenía dieciséis años, y aún no había decidido si quería irse del país o no. El segundo fue el precio, no estaba dispuesto a pagar esa cantidad de divisa extranjera sin un garante de una “buena beca” en una “buena universidad”.

Su situación actual es diferente. Ya cuenta con diecinueve años, y una espalda significativamente diferente a la que tenía hace tres años. En aquel momento, “Santiso” era el apellido de un velocista que había llegado a vestir los colores de la bandera, con un no muy buen despliegue, y algún que otro campeonato nacional. A día de hoy, ese apellido significa el número dos de los cien y cincuenta metros libre, por detrás de quien es uno de los mejores especialistas en la historia del país, Guido Buscaglia.

La liga de natación estadounidense es una competencia universitaria. Al haber alrededor de cuatro mil instituciones de este nivel, según el Departamento de Educación de Estados Unidos, se puede plantear perfectamente una liga. Funcionan como lo que para un argentino es un club de fútbol. 

NdR: Hay alrededor de trescientas cincuenta universidades que forman parte de la NCAA.

La liga estadounidense de universidades, National Collegiate Athletic Association (NCAA), es la más importante de todo el mundo, al menos con el parón de la International Swimming League (ISL). Tiene tres divisiones, y cierra la temporada. Tanta importancia se le otorga, que se dan el lujo de correr en piletas de yardas (un sistema métrico que sólo se usa en EE.UU). En conjunto a la natación, también se compite en saltos ornamentales. Como último detalle, están separados por sexos biológicos. Hay una tabla para mujeres y una para hombres.

Para poder acceder, se debe dar una marca de calidad, como sucede en los torneos internacionales. En caso de no darla, también se puede entrar por ranking de calidad, que es el método más usado debido a la alta exigencia de los tiempos. 

Hay una enorme estrategia en el planteo. Al ser un campeonato por puntos, la natación se torna un deporte casi grupal. Los técnicos deben utilizar sus cupos muy bien para poder conseguir la mayor cantidad de unidades.

Todo se resume en una fecha en la que más de treinta y cinco equipos chocan en busca del título. El resto del año son preparativos comparado a este suceso. El actual campeón de la primera división en hombres es el equipo de la Universidad de California, mientras que para la rama femenina es la de Virginia. La próxima fecha es en marzo, las mujeres correrán del 20 al 23; mientras que los hombres harán su parte del 27 al 30 del tercer mes de 2024.

– Las universidades rankeadas dentro del top doscientos son como en High School Musical. Tienen el pasto cortado, el locker, equipo de football americano, natación, básquet. 

Otro punto convergente entre los clubes argentinos y las universidades estadounidenses es la aparición de nombres superiores. La famosa Ivy League, compuesta por las ocho universidades más prestigiosas del país, también son las que nunca salen del top diez. Nada muy disímil a los cinco grandes argentinos. 

Como dato, hay un representante sudamericano en el equipo de natación de la universidad número uno de EE.UU, el brasileño Lucas Tudoras. Otro colega de Matías, el paulista también se especializa en velocidad.

– Cuando hablé con la universidad le dije, mis dos requisitos o prioridades son: la beca, porque yo soy argentino, y por más que no me falte nada, no la puedo pagar. Es así de simple. 

El segundo pedido fue el de Argentina. No negocia la presencia con su adorada bandera. Su discurso fue interrumpido por la comida, la cual ofreció compartir, oferta que fue denegada. 

– Los yankees se toman muy en serio esto de la universidad. Nivel, desde que tienen doce años empiezan a ver a cuál ir. 

Otro punto en común es la rivalidad y el sentido de pertenencia. La importancia que le dan los norteamericanos a su casa de estudios es muy particular. A lo largo de la historia se han generado enfrentamientos clásicos entre una y otra, ya sea por cercanía o por nivel de competencia. 

– Si allá sos de la UTN, sos de la UTN y a la muerte con la UTN. Los de otra facultad, todo mal. Es una decisión de vida.

Matías Santiso y el primer contacto

Matías Santiso estudiará y nadará en Estados Unidos
La imagen con la que Matías Santiso anunció su viaje a E.E.U.U, en su Instagram personal

La llamada del norte arribó en un momento extraño. Las temporadas deportivas comienzan en la segunda mitad del año, pero a Matías Santiso lo llamaron en enero. Con poco más de una semana de diferencia, dos universidades se contactaron con él.

– No es muy común que te hablen siete u ocho meses antes. ¿Viste cuando se te lesiona el cuatro, y tenés que salir a buscar otro? Bueno, yo entré así. 

La camada preparada para la temporada 2024 estaba lista, no hacía falta tocarle nada. El problema era la camada 2023, en la cual había quedado un hueco en el equipo. Había que encontrar un nadador explosivo. Ahí entró él.

Primero llamó la Universidad de Virginia. “Una bestialidad, la fundó Thomas Jefferson, el del billete de veinte”, agrega Matías Santiso. La universidad tiene al equipo defensor del título femenino, además de que el entrenador principal es Todd DeSorbo, quien formó parte del cuerpo técnico de Estados Unidos en Tokyo 2020, campeonato en el que el país ganó el medallero

– El head coach de Estados Unidos es Ancelotti, es el uno.

Prácticamente al mismo tiempo lo contactó la Universidad de Louisville. Para ese momento, Virginia le resultaba más prometedora porque en normas generales, destaca más. Si bien en lo deportivo son equivalentes, Virginia se antepone en lo académico. Con las dos ofertas sobre la mesa, ya tenía la decisión de irse tomada.

El empujón final lo dio su madre, profesora de inglés. Ella le comentó de un gran arrepentimiento que llevaba, que era el de conocer culturas diferentes para después volver. Matías Santiso no tiene pensado quedarse a vivir, todo lo contrario, tiene intenciones de volver a su país natal. Por supuesto, con un título en mano. El deporte y la educación van al mismo nivel para Matías, quien buscará sacar el título a la vez que entrena. 

– Me gusta la forma de ser de los argentinos. Si bien hay veces que no sabés para dónde va el país, tengo ganas de pelearla. Yo creo que lo que salva al país es la gente, los argentinos somos los que tiramos para adelante.

Al final, el recordista nacional se decantó por los Cardinales de Louisville. Ahora, en lugar de DeSorbo, estará al mando de Arthur Albiero, entrenador integrante del equipo nacional de Estados Unidos en Río 2016. Sí, también ganaron el medallero

– Estoy muy emocionado por arrancar a trabajar con él. Tengo ganas de saber si realmente hacen algo distinto a lo que hacemos acá. Yo acá estoy re bien, entonces no sé si será muy distinto, si son las instalaciones, o qué harán.

Dejó en el aire también la posibilidad del roce. La cantidad abrumadora de nadadores genera un clima competitivo mejor. También agregó las instalaciones. Un misterio del cual sabrá la respuesta en breves.

Por una tarjeta, cuántas locuras

Matías, tras clasificar a su primer Mundial Juvenil

De hablar de las instalaciones estadounidenses, la conversación se desvió a las locales. Vélez cuenta con una pileta semiolímpica, es decir, de 25 metros. De repente, el tópico pasó a ser la gestión del club, y al mal momento que pasa en el fútbol.

– ¿Sos futbolero?

– Sí. Muy.

– ¿Jugaste?

– Si lo querés para la nota, es una historia bastante graciosa.

La teoría del efecto mariposa dice que el aleteo de uno de estos insectos puede desembocar en la creación de un huracán. Así, por una decisión totalmente arbitraria fue que Matías Santiso comenzó su carrera en la natación.

De los seis a los trece, practicó fútbol. A eso de los diez, según recuerda, sumó la natación a su cronograma para controlar su colesterol, el cual subía especialmente rápido. A los cuatro días del deporte de la pelota (entre prácticas y partidos), le sumó tres días de natación, deporte que “no le gustaba”, y al cual “faltaba todo el tiempo”. 

Es menester mencionar que el doble turno escolar le dificultaba todo. Cuando terminaba la escuela, él no quería ir a nadar, quería “ir a su casa y jugar a la play”. El agua no lo convencía. 

A los doce, pasó a las canchas de once. Era lateral derecho, aunque lo ponían muy seguido de central, por su prominente altura (roza el metro noventa), cosa que detestaba. Él siente que es mejor al ataque que a la hora de defender.

– Sos como Fabra.

– Exacto. Era Advíncula.

Por mala suerte, una lesión en su espalda lo obligó a dejar por seis meses ambas actividades. Ya para los catorce, retomó la natación y comenzó fútbol sala. 

Dos momentos bisagras, el año era 2018. Con un entrenamiento de tres turnos semanales, Matías logró un tiempo de veintiocho segundos y tres centésimas. El tiempo básico para la entrada de un nacional es de 30 segundos y 43 centésimas. Él lo había pulverizado, sin estar federado ni siquiera. 

– De veintiocho a uno (un minuto) ocho en cien. Me faltaba la vuelta.

La disparidad entre pasajes digna de un nadador promocional, que no planifica estrategias previo a una carrera. Las marcas le dieron el acceso a la licencia de federado. Mientras tanto, ya en el primer año de secundaria, Matías jugó un partido de futsal a dos fechas de terminar el campeonato.

Matías nació en el 2004, y en ese entonces jugaba tanto para su categoría como para la del año siguiente, los 2005. Para ese momento, ya sacaba una gran diferencia física. En una jugada brusca, fue al choque contra un rival, que perdió el embate, y salió disparado contra una pared.

El juez decidió sancionar a Matías Santiso con cinco fechas de expulsión, las cuales se trasladaban al siguiente campeonato. De esta manera, con el veto del fútbol hasta tres partidos dentro de la próxima temporada y resultados extremadamente positivos en el agua, empezó a entrenar con más ganas en la pileta.

En 2019, en su segundo nacional, el primero de verano, Matías dio la marca para el Sudamericano Juvenil de Chile, y selló el pasaje a su primera selección nacional. 

El siete bravo del agua

– ¿Te consideras bueno?

– Sí. El problema conmigo es que no sé qué tan lejos puedo llegar, no sé cuál es mi techo. Realmente creo que nunca estuve metido al cien por ciento para decir ‘hasta acá llegué’. 

Su primer punto flaco es la alimentación. Admite haber tenido momentos en los que lo dio todo, caso del Mundial Juvenil de Lima 2022. Los tres meses previos al torneo, siguió las indicaciones dietarias a rajatabla.

Matías Santiso
Santiso, en su primer Mundial Juvenil

– Los últimos tres meses al Mundial, sobre todo el último, comí impoluto. Así me fue. Creo que nunca más lo volví a hacer.

– ¿Por qué?

– Porque me cuesta mucho.

Para alguien tan sociable como Matías Santiso, negar una salida con amigos es casi imposible. Esta misma razón es lo que le hace pensar que en Estados Unidos, podrá controlar sus comidas de mejor forma. Por supuesto esto no significa que se vaya a quedar sin amigos. Eso sería imposible. Sin embargo, las relaciones serán exclusivamente con deportistas que compartirán calendario y dieta con él. 

– No me arrepiento de nada igual. Volvería mil veces a salir a comer con mis amigos porque sino, no tendría vida, y tampoco está bueno. Está bueno tener un balance.

Matías nada velocidad. En el fútbol, el equivalente a un velocista es un delantero. No cualquier tipo de delantero, es el tipo de jugador que usa la siete y hace la banda. Espiritualmente está alineado con su especialidad.

Hay un freno y una redirección. La personalidad arrolladora de Matías se torna fría. Admite que a pesar de considerarse bueno, no puede ponerse al nivel de sus compañeros. Nombra a Agostina Hein (bicampeona del Mare Nostrum, prestigioso torneo europeo), a Malena Santillán (finalista mundial juvenil), y a Ulises Saravia (recordista absoluto argentino). 

Un lado nuevo se presenta. Es el Matías Santiso fanático de la natación. Opina que lo que parecería ser un bajón de Santillán es solo un mejor momento de Hein, y que las dos chicas se pasean por el reflector de a turnos. 

– Si hay un torneo en el que Hein vuela y Santillán, ni siquiera es que no baja las marcas, sino que simplemente no nadó como Hein, parece que la otra tuvo un bajón. Capaz hasta bajó las marcas, pero hace parecer otra cosa. Cuando Santillán vuele, va a parecer que Hein tuvo un bajón.

Asegura además, que hay una marcada diferencia en el estilo de nado de ambas figuras. Mientras que Hein supera en técnica a su compatriota, Santillán tiene un aguante incomparable.

– No sabés lo que entrena Malena. Un choclo así (abrió sus brazos de par en par) en el pizarrón. 

Acorde a su personalidad desfachatada, el prototipo de velocista recuerda el día que rompió el hielo con Aníbal Gaviglio, entrenador de Malena Santillán. Ocurrió en una concentración, en la cual Gaviglio estaba al mando del grupo de fondistas.

– Ahí él entrenaba a Santillán, Gauna (Lucía) y Hein. En un momento ya habían terminado todos de escribir y él seguía escribiendo. Y le dije ‘¿Cuánto querés escribir Aníbal? Basta. ¡Dos pibas de quince! No terminaba más. Y nosotros teníamos dos series de seis de cincuenta. 

Bromea e instantáneamente se pone serio, para continuar su cátedra. En su librito de natación dice que la diferencia entre el dolor por el que pasa un fondista durante un entrenamiento y el que experimenta un velocista, son completamente diferentes.

El segundo pica más. Piensa que el dolor neto por el ácido láctico que acumulan los velocistas en sus turnos cortos pero fuertes, es superior al de los nadadores de distancia. 

– Es un dolor muy agudo, muy intenso, el estar lleno de lactato. Obvio que el de los fondistas también, pero en ningún momento llegan a ese punto de lactato, que es lo que duele. No lo digo yo, lo dice la ciencia. 

Los de pique corto pasan por un pico de intensidad de corta duración, debido a que los entrenamientos de calidad tienen poco metraje. También agrega que para poder cumplir con ellos, hay que “venir de fábrica”. 

En sus antípodas, los de alto metraje. Matías Santiso marca el punto de inflexión en la dificultad mental que imponen como requisito estos turnos. El dolor es menor, pero constante y duradero. Los fondistas no deben concentrar toda su potencia en una pileta, más su desafío está en hacerla durar por más de dos horas. 

– Hay una camada muy buena de pibes – Dice Matías, quien dejó de ser un “pibe” hace ocho meses. – Yo creo que una de las cosas que le pasó a la natación argentina fue que la pandemia fundió todo. Viste que no hay nadadores en el medio en las selecciones. Vienen los más chicos, un bache, y los más grandes.

Su cabeza es un gran cúmulo de datos. Tiene a la orden del día la lista que defenderá la bandera albiceleste en Chile. No puede evitar hacer hincapié en la diferencia etaria que hay entre, por ejemplo, Macarena Ceballos (28) y Magdalena Portela (18). 

– Hay muchos grandes, muchos chicos, no hay en el medio. 

– Te interesa mucho la natación.

– Sí, ya te dije. Soy muy friki. Me gusta mucho el deporte, miro mucho.

Del reciente Mundial de Fukuoka, del cual pudo ver poco, porque los horarios chocaban con sus entrenamientos, retiene un momento. Desayunaba con Saravia, y apostó a que Kyle Chalmers ganaría la final de los cien metros libre con 47 segundos y 10 centésimas. Suerte o conocimiento, Chalmers hizo ese tiempo y ganó la prueba. 

Los ojos del chita

Matías Santiso y sus costumbres
Una foto vieja de Matías Santiso, a punto de largar

– ¿Sos cabulero o religioso?

– Cabulero. Religioso, otra anécdota graciosa. En los penales contra Francia empecé a rezar, y dije que si nos daba esta copa no lo iba a negar más. Antes no existía, ahora no sé, pero yo no lo niego más.

Tiene cábalas. Recuerda una como la principal. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia, subirse al bloque de partida con el pie izquierdo. Siempre se monta desde el costado izquierdo del bloque y sube con el pie derecho. Después, hay varias acciones más: los saltos, el aplauso adelante y atrás, pero la que nunca se rompe es la del cubo. 

– Jamás te podés subir con el pie izquierdo al cubo. Arrancás pésimo. 

Es diestro, pero pone la zurda por delante antes de largar. No sabe si es una cuestión técnica, lo asocia a un gusto personal. Prefiere una mejor reacción en el salto antes de la distancia, por eso se coloca así. 

Tiene dos carreras principales. Los cien y los cincuenta metros libre. No pone a ninguno por encima de otro, aunque la primera le resulta más sencilla de correr. Para la distancia más corta del programa, está obligado a tener una preparación previa inmaculada, de lo contrario no obtendrá el tiempo que espera.  

– ¿Cómo afrontás las competencias?

– Concentrado en nadar fuerte. No pienso en cosas de afuera, pienso en nadar fuerte.

Largada, siete ondas debajo del agua, mantener la frecuencia de piernas y brazos, la vuelta, y repetir el ciclo. Esa es la rutina del cien, igual a la del cincuenta, pero con una vuelta. Confiesa que en la segunda parte de las carreras olvida un poco el guión, y vuelve “con el cuchillo entre los dientes, a lo que de”.

– Me pongo nervioso cuando no sé cómo me va a ir. Si sé que entrené bien, yo rindo. Si esa semana hice las cosas bien, en el torneo me va bien.

En el Mundial Juvenil de Lima, su primera y única participación en esta gama, Matías llegó a la final de los cien y cincuenta metros libre. No tuvo problema en dormir. La preparación y su motivación respaldaron su confianza y le brindaron tranquilidad. Acompañado de entrar como séptimo y octavo, sabía que no tenía nada que perder.

– Me pongo más nervioso por torneos insignificantes, que no sé cómo estoy preparado. 

El caso más reciente de ese nerviosismo ocurrió en el Último clasificatorio al Panamericano. Allí, dos figuras de la natación nacional hicieron su retorno: Santiago Grassi y Federico Grabich. Matías, que no llegaba en su mejor versión, temió por su plaza para Santiago 2023, la cual ya había conseguido en el Open de abril

NdR: Grabich es el único argentino en conseguir una medalla en un Mundial de Pileta Larga. Grassi es el único varón argentino en haber entrado a la ISL.

– En un torneo importante, si estoy bien preparado, saco pecho. No soy de ponerme nervioso.

No asiste a un psicólogo. No siente que lo necesite, aunque si en algún momento cambia de opinión, irá. Hasta el día de hoy, no le ha sucedido levantarse y no tener nada de ganas de ir a entrenar. Cuando ese pensamiento se cruza, lo impulsa una mezcla de culpa y disciplina que hace que termine en el agua de cualquier forma.

Matías Santiso
Matías, tras terminar de correr en Rosario

– ¿Alguna vez la pasaste mal con la natación?

– Por ahora, no. Yo sigo haciendo natación porque la paso bien. Me ha abierto un montón de puertas, tengo amigos por todos lados, he conocido gente genial. Una de las cosas que aprendí en Rosario (Juegos Suramericanos de la Juventud), fue que nunca más voy a dejar que un resultado deportivo me arruine la experiencia de un torneo.

A ese torneo Matías Santiso arribó tras estar dos semanas postrado en cama, por una enfermedad. El resfrío le impidió incluso entrenar patada, la tos era demasiada. En la prueba de 50 metros libre, donde tenía chances de campeonar, le sucedieron varias tragedias.

La lesión que tuvo en Rosario 2022
Una foto comparativa entre el dedo golpeado y el sano

En primer lugar, algo insólito. Matías Santiso siempre cierra su entrada en calor con dos piques de 50 metros. La temperatura del ambiente y de la pileta generaron un vapor que impedía ver bien. Esto llevó a que durante el pique, Matías chocara una de sus manos con la cabeza de una compañera.

– Para la tarde ya tenía una morcilla en vez de un dedo. 

En segundo lugar, la preparación le pasó factura. En las clasificatorias de la mañana terminó primero, con una marca de 23 segundos y 48 centésimas, 40 centésimas por debajo del previamente mencionado Lucas Tudoras. Matías llegaba al torneo con un registro de 22 y 90 centésimas. En la final, donde se llevó el bronce, paró el cronómetro a los 23 segundos y 92centésimas. 

– Me voy a enojar, me voy a amargar, me voy a frustrar por el resultado. Sobre todo los primeros minutos, pero después ya está.

A los golpes, pero aprendió. Más allá de su resultado, Rosario 2022 fue un viaje de disfrute constante. Tan buenos fueron los días, que se sobrepusieron a todo tipo de tiempos.

Sudamericano Chile 2019
La delegación del Sudamericano de Chile 2019

– ¿Algún torneo en el que te hayas amargado?

– El Sudamericano de Chile 2019. Me hubiese gustado disfrutarlo más.

Matías Santiso llegó al país trasandino “muy verde”. Era la primera selección nacional de un nadador inexperto. Chile quedó marcado como una de las pocas veces en las que su deporte lo hizo llorar. 

Lloró porque los resultados individuales eran malos. Lloró porque se echó la culpa de una posta en la que subió mucho el tiempo, y se hizo cargo de la derrota. 

La otra vez fue el quince de julio de 2020. El día en que todo el proyecto Dakar 2022 se quedó sin sus Juegos Olímpicos

Decir que Matías hubiera entrado no es hacer historia contra fáctica. La marca para entrar al Mundial Juvenil era más exigente que la que pedía el Comité Olímpico Internacional para entrar a los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2022.

El príncipe

Si Buscaglia heredó el trono, Santiso es el siguiente en la lista. Un nadador con facilidad para competir que constantemente busca mejoras, dentro y fuera del agua.

La progresión que ha tenido Matías a lo largo de su carrera es envidiable. No por la rapidez, que puede ser un factor, sino por la constancia. Desde su primera medalla en un nacional hasta hoy, becado para una de las universidades top de la liga más competitiva del mundo, ha mantenido el paso.

Matías Santiso con la Selección
Matías, en su segundo Sudamericano Juvenil, el de Lima dos mil veintiuno

A excepción del año pandémico (donde no hubo viajes), Matías Santiso no ha faltado ni un solo año a la selección desde 2019, y siempre ha aumentado el nivel de sus torneos. Primero torneos juveniles de calibre sudamericano, después a nivel mundial, y ahora tendrá su primera chance panamericana en un campeonato de mayores. 

El foco no debe ser puesto exclusivamente en las marcas (que son excelentes y no dan lugar a discusión), porque los picos sin sostén son mucho menos deseables que los crecimientos lentos y mantenidos. 

El resultado final es un jugador que siempre debe ser titular. No hay técnico que pueda bajarle el pulgar. Es “bocón” y “le gusta el kilombo” pero también está pendiente de todo lo que sucede a su alrededor. No hay compañero de equipo que no se alegre al verlo. Siente la camiseta y mata por una medalla. 

Matías Santiso es un diamante, muy pulido ya. Los norteamericanos hicieron una buena incorporación. 

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