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De tal palo, tal astilla

El amor por el deporte es algo de familia, donde padres e hijos comparten la misma pasión. Desde el yachting, pasando por el tiro deportivo, esgrima y pentathlón moderno, Argentina Amateur Deporte te trae cuatro historias donde el legado paterno se heredó de la mejor manera. 

Padre en altamar

Se recibió de arquitecto naval, venció al cáncer, vivió cuatro años en un barco y ganó una medalla de oro olímpica. Padre de Yago, Klaus, Borja y Theo y marinero por excelencia. Así es una porción de la historia de Santiago Lange, digna de adaptarse a la pantalla grande. 

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Nació allá por 1961 en San Isidro en una familia sumamente vinculada al yachting. De hecho, su propio padre había tenido una participación olímpica en Helsinki 1952.

A sus seis años inició su vida en el mar. Siempre en el Club Náutico San Isidro, se fue perfeccionando hasta llegar una edad adulta y posicionarse como uno de los mejores regatistas de la Argentina hasta concretar seis citas olímpicas.

En 1988 fue un año consagratorio: debut en la cita olímpica de Seúl (9° puesto en la clase Soling junto con Pedro Ferrero Raúl Lena) y nacimiento de su primer hijo, Yago. En 1995 nacería Klaus, el segundo de cuatro, y a partir de allí, Santiago pisó el acelerador y no frenó: hilvanó cuatro Juegos Olímpicos (Atlanta ‘96, Sídney ‘00, Atenas ’04 -bronce-, Beijing ’08 -bronce-).

Se perdió los Juegos de Londres 2012 pero el nuevo dúo emergente de los hermanos Yago y Klaus alivió esa pena.

El 2015 traía consigo una noticia que bien podría derrumbar a cualquiera. El cáncer le quitó uno de sus pulmones, pero esa garra y ansias de superarse estaban más presentes que nunca. Se recuperó y el resto es historia: formó equipo con Cecilia Carranza Saroli en Nacra 17 y en Río 2016 tocó las puertas del cielo. Se colgó la de oro y hasta se dio el lujo de ver a Yago y Klaus llevarse un diploma olímpico en 49er.  

Armas, platillos y leyes

Pedro llegó a la Argentina tras la Guerra Civil Española. Una vez instalado en Avellaneda, se dedicó de lleno a remendar armas, y también fundó una fábrica de platillos (aquellos discos que se utilizan en la modalidad de Skeet).  

El legado siguió con Horacio, y vaya que dejó la vara bien alta: 32 años ininterrumpidos en lo más alto del tiro nacional. Ganó el bronce en el Mundial de 1995 y fue 10 veces campeón nacional. 

Es difícil superar este palmarés, pero Federico y Melisa van por el buen camino. Él comenzó a practicar cuando sólo tenía seis años, siempre imitando a su padre. En cambio, ella inició a los 14, cuando le pidió a su padre que le enseñara a tirar. Con años de práctica y estudio de la carrera de Derecho para ejercer la abogacía como su madre, Federico y Melisa ya están consagrados a nivel internacional.  

“En principio mis abuelos lo influyeron a él. Era nuestro modo de vida, ir al club y verlo disparar todos los fines de semana. Ver sus esfuerzos, sus sacrificios, los obstáculos que tenía que sortear en distintos aspectos, porque siempre fue un tirador al que le hicieron el camino tedioso y no tenía las facilidades que hoy por hoy se le dan al deportista”, comentó Melisa Gil a Argentina Amateur Deporte. 

En base al complemento de ambas generaciones, la tiradora afirmó: “De la mano de él nuestros sueños se cumplieron, y también los de él. Los Juegos de Río fueron un reflejo de todo lo que luchó por sus derechos y también por los nuestros, como hoy lo sigue haciendo por nosotros y sus demás pupilos. Es un visionario, tiene un nivel de experticia que no conozco en otro tirador ni entrenador de argentina, y es un apasionado por lo que hace como pocos, muchas veces criticado, pero él sigue firme a sus convicciones. Para mi es el mejor como papá y como entrenador”. 

Con Horacio como su entrenador, la menor de los Gil cosechó cuatro medallas panamericanas, entre dos bronces (Río de Janeiro 2007 y Guadalajara 2011) y dos platas (Santo Domingo 2003 y Toronto 2015), además del tan ansiado diploma olímpico en Río 2016. El hermano mayor, por su parte, ganó la plateada en los Juegos Suramericanos de Santiago de Chile 2014 y se consagró en la Copa del Mundo en Chipre al colgarse el oro en Skeet.  

“Ellos tienen muchas características iguales a las mías de cuando yo competía. Como entrenador no me es difícil trabajar con ellos, pero a veces tenemos discusiones. Después del entrenamiento está todo bien”, precisó Horacio sobre la relación hijo-atleta y padre-entrenador.  

Choque los cinco

La familia Zapata es sinónimo de pentathlón moderno. Un joven militar de nombre Miguel tomó las riendas del caballo, se puso las antiparras, cargó la pistola y comenzó a correr. Todo un superhéroe para Emmanuel, Pamela, Ayelén y Nahuel, sus hijos y futuros pentatletas.  

“Cuando era chico mi papá era como un superhéroe. Lo veía que era militar y encima practicaba todos los deportes y yo quería ser como él”, aseveró Emmanuel. Él es el hermano mayor, que a su vez está casado con Iryna Khokhlova, una ucraniana que representa a la Argentina. Juntos, en Río 2016, quebraron un negativo récord de 56 años sin participación albiceleste en Juegos Olímpicos. 

“Por más que el deporte fue cambiando con los años y los sistemas de entrenamiento también, él siempre se va actualizando. Es una persona que lee mucho sobre entrenamiento, habla con entrenadores de otros países y siempre quiere aprender más. Eso es algo que también admiro mucho de él. Siempre preocupado por ser mejor profesional”, comentó con cariño sobre su padre. 

Sin embargo, el primogénito no fue el único que siguió los pasos de Miguel. Pamela, la segunda en la línea de nacimiento, participó de los Juegos Panamericanos Guadalajara 2011 y Toronto 2015, además de ganar la medalla de bronce en los Juegos Suramericanos de Santiago de Chile 2014. También se dio el lujo de disputar la final de la Copa Del Mundo en 2011 y 2013.

Ayelén y Nahuel, los más pequeños del clan Zapata ya tuvieron sus primeras experiencias a nivel internacional. Ella se consagró como campeona Sudamericana y Panamericana Junior, mientras que él fue tercero en el Sudamericano de 2012. 

“Los cuatro algo sacaron de mí. Emmanuel es el mejor en carrera, en coordinación se destaca Pamela, en disciplina personal tenés a Ayelén y Nahuel tiene mucha capacidad en equitación”, dijo Miguel Zapata. NdR: Nahuel es el único que actualmente no se dedica al deporte. 

 Entre espadas, sables y floretes

Para llegar a los orígenes de la esgrima en la familia Lucchetti hay que remontarse a casi 100 años atrás, cuando los jóvenes Luis y Héctor comenzaron a practicar este deporte que tuvo a Eduardo Camet como el primer atleta argentino en competir en un Juego Olímpico (París 1900), 24 años antes de que Argentina organizara una delegación deportiva.

Para Ámsterdam 1928, los hermanos Lucchetti, junto con Roberto Larraz, ?Raúl Anganuzzi?y?Carmelo Camet (hijo de Eduardo), se subieron al tercer escalón del podio en florete por equipos. A partir de allí, la tradición esgrimista atravesaría a todas las generaciones de la familia Lucchetti.

Marcos, de la segunda rama, fue el encargado de mantener el legado. Compitió entre 1979 y 1985, participando en los Panamericanos de Caracas 1983. Retirado de la actividad profesional, se instaló en Estados Unidos para entrenar equipos universitarios y ver nacer a sus hijos.  

Allí comienza la historia de Stefano. Nació en Princeton hace 21 años y se crió entre espadas, sables y floretes. Imposible que no mantuviera la tradición familiar. Hoy se destaca entre los mejores esgrimistas de la Argentina y ya sabe lo que es colgarse una medalla. Obtuvo el oro en sable en el Copa del Mundo juvenil en Teheran 2015 y la de bronce en sable por equipos junto con Ricardo Bustamante y Pascual Di Tella, en los Panamericanos de Toronto en el mismo año. 

“Es genial tener acceso a una fuente continua de consejos y conocimiento, sin embargo, a veces puede ser demasiado. En ocasiones de estrés cada uno tiene sus propios argumentos, pero en general no cambiaría a mi padre por ningún otro entrenador”, comentó Stefano. 

“Es tan especial y único como la quinta generación de esgrimistas olímpicos. Cada una de ellas transmite conocimientos y experiencias invaluables a sus hijos. Valoro la historia y la tradición de mi familia y estoy deseando traspasar este hermoso deporte a mis hijos también en el futuro”, cerró. Por lo tanto, habrá Lucchettis esgrimistas para rato. 

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