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En el regreso a la arena olímpica tampoco hubo plata

Sarajevo 84

Hace 40 años, en Sarajevo 84 la Argentina regresaba a los Juegos Olímpicos, tras el boicot a Moscú 80, sin recursos y con cambios políticos que abrían una nueva era.

Por: Pablo Abal

@olimpia_argenta

Los Juegos Olímpicos de invierno de Sarajevo 1984 marcaron el rápido retorno de la Argentina a la arena olímpica, tras el boicot realizado a Moscú 1980. Sugerido por el gobierno de Estados Unidos (tras la ocupación de la Unión Soviética en Afganistán), la dictadura cívico militar se adhirió a la medida pocos días antes de iniciarse la competencia, y cuando varios atletas (fútbol y básquetbol entre otros) ya habían conseguido la clasificación y estaban para viajar.

En febrero de 1984, asomaba un nuevo tiempo en nuestro país. El retorno de la democracia ilusionaba a todos, tras el regreso del voto popular. En el deporte también latía la esperanza para que la política destinara un nuevo enfoque a la actividad. 

“La mayoría de los dirigentes del Comité Olímpico eran militares, y varios viajaron con nosotros. Es más, en la delegación había tantos dirigentes y acompañantes como deportistas. Te decían que no había plata, pero nadie se perdía de viajar”, recordaron los hermanos Jorge y Magdalena Birkner en una charla con @Olimpia_Argenta. También remarcaron las dificultades económicas que los deportistas padecieron para viajar a los Juegos. 

“Era rara la sensación que teníamos. Vivíamos en Bariloche (lejos de las noticias de Buenos Aires), y éramos muy conscientes de todo lo que pasaba en nuestro país. Aunque no lo mezclábamos con lo deportivo, y sólo nos enfocábamos en entrenar y llegar sanos a las competencias. Muchos de nosotros recién habíamos terminado el colegio, y teníamos entre 18 y 20 años. Yo estaba con una prórroga para el servicio militar y estudiaba Agronomía. El deporte era una especie de refugio”, subraya Jorge.

Semanas después del 10 de diciembre de 1983, luego de que el presidente Raúl Alfonsín, lo designara como secretario de Deportes, al ex entrenador de Los Pumas, Rodolfo O´Reilly le llovían los llamados telefónicos. “Antes de asumir me había llamado un conocido y me llenó de elogios. Al rato entendí, su hija, campeona de esquí, había sido elegida para ir a los Juegos Olímpicos de Sarajevo y necesitaba un pasaje que presumía debía estar a cargo del erario público”, contó el propio O´Reilly (fallecido en 2018) sobre sus comienzos en la función, en su libro de memorias “Michingo. Por el eje profundo”. Pero el nuevo funcionario se encontró de golpe con todas las malas noticias. El deporte no era un espacio urgente para el nuevo gobierno democrático; se anteponían las historias del horror que había dejado la dictadura, y las dificultades económicas para cancelar los intereses de la deuda externa.

Un grupo de jóvenes esquiadores entusiastas apeló a toda su creatividad para viajar a las montañas de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (esa era la denominación que mantenía en 1984, hasta su disolución en 1992, cuando estalló la Guerra de los Balcanes). Se organizaron fiestas y rifas, para pagar los viajes, y también para acceder a la ropa, y los equipos de esquí. Los padres se pelearon con los dirigentes, que los tildaban de “elitistas”, y hasta el propio O’Reilly les sugirió que con un mínimo aporte de los esquiadores que asistían al Cerro Catedral, se podrían solventar los pasajes con creces

En su repaso de aquellos días, Magdalena Birkner sugiere que en Sarajevo tuvieron una ropa distinta para las pruebas descenso y de Slalom gigante: “Te las comprabas como podías, generalmente se las pedíamos a los equipos extranjeros que venían a competir a Bariloche. La ropa no decía Argentina en ningún lado. Tenías que tapar los carteles de la ropa”. También agrega que los padres les organizaban la logística: “Nos tocó viajar en una aerolínea española que se llamaba Spantax, y ya el nombre te daba miedo”.

El equipo argentino contó con un entrenador yugoslavo, Vito Baumgartner, que fue vital para la preparación de los atletas y para la adaptación a una tierra desconocida y con muchos prejuicios por derribar. Llegaban a un país socialista, pero la calidez de las familias que los albergaron en sus casas, cambió la mirada sobre los yugoslavos.  Jorge lo destaca: “Nuestro entrenador era de Ljubljana y lo que hizo fue infernal. Le dieron un presupuesto de 5 pesos y lo laburó. Hubo empatía con nosotros y por nuestra personalidad. Nos ubicó en casa de sus amigos en Eslovenia. Y nos facilitó el entrenamiento en los centros de esquí”.

Los hermanos Birkner coinciden en que Baumgartner consiguió muy buenas condiciones en las pistas, que no se hubieran podido pagar desde la Argentina. “Hoy en día, esto es inviable, y es necesario aclararlo. Hoy vas a un Centro de esquí y pedís un slalom para entrenar gigante. Los materiales evolucionaron y fueron cambiando, vos necesitás ahora que la pista quede inyectada con agua, porque si no se ablanda, se rompe y te podés lesionar. Ese trabajo de inyectar una pista con agua, hoy te lo cobran. Hace 40 años esto se obtenía por un contacto, por respecto a una trayectoria, o un gran vínculo, no se hacía por dinero. Vito nos abrió las puertas, y evidentemente todos los respetaban allí. Nos dio su casa, la de sus amigos, y pidió favores. Se la jugó por nosotros”.

En lo deportivo, Magdalena y Jorge Birkner fueron los más destacados de la delegación argentina en los Juegos de 1984. La 18va ubicación de Maggie en Slalom, y el 22do lugar de Georgie en la misma prueba de Esquí Alpino, quedan registradas entre las mejores actuaciones argentinas en los deportes de invierno. Sin embargo, a ninguno de ellos los conmovió el resultado, sino sólo el hecho de competir y representar al país. Ni siquiera son conscientes que hace cuatro décadas, iniciaban el camino de la dinastía familiar y los Juegos Olímpicos.

Es que el apellido Birkner se instaló por primera vez en una prueba olímpica en Sarajevo 84, y seguiría estando presente a lo largo de estos 40 años en las distintas ediciones y no sólo en el esquí. Ambos repitieron la experiencia en Calgary 1988, junto a sus hermanos Carolina e Ignacio. Todos ellos eran de la rama Birkner Cogan. Luego, los sucedieron sus sobrinos Simari Birkner: Macarena, María Belén y Cristian, hijos de su hermana Teresa, y que compitieron entre Salt Lake City 2002 y Sochi 2014. Más tarde continuó el hijo de Jorge (de mismo nombre) y otro sobrino, Tomás Birkner de Miguel. 

Mientras que los hijos de Magdalena: Bautista, Francisco y Celina también fueron olímpicos, pero en las pruebas de Windsurf, que les inculcó su padre Raúl Saubidet, ganador de varios títulos en la clase Cadet, quienes además están emparentados con la familia del campeón olímpico Santiago Lange, que estuvo casado con una hermana de Raúl.

En sus hogares y en las reuniones familiares que los vuelve a juntar, se habla bastante de deporte, viajes, y planificación de torneos, y hoy es Magdalena quien palpita la participación olímpica de su hijo Francisco, quien ya estuvo en Tokio hace 3 años, y estará dentro de unos meses en París 2024. “Cada cuatro años vivimos una experiencia similar. Para mí nada ha cambiado. Ya pasaron 40 años y he vivido en experiencias en 2 países muy distintos como Yugoslavia y Canadá, pero la energía que se viven en unos Juegos Olímpicos es siempre la misma, te contagia y siempre querés volver.”

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