“En Túnez todo es distinto a Argentina, pero logré adaptarme”

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Agustina Chlpac, quien atraviesa un excelente 2019, contó cómo es afrontar su temporada en un país tan diverso desde lo cultural y social. En una charla diferente y profunda, la albiceleste se refirió al extremo machismo que se vive en esa zona del mundo, las particularidades de la vida cotidiana allí y las claves deportivas de su ascendente carrera. Además mencionó las enseñanzas que le dejó jugar en Francia.

Por Julián Haramboure
(@JulianFunky)

Agustina Chlpac, tenista argentina de 22 años, pasa por el mejor momento de su carrera profesional. Comenzó la temporada sin ranking WTA y en la actualidad se encuentra en el top 840 del mundo. Convencida en la conquista de sus objetivos y sueños, y ante la escasez de torneos ITF en Sudamérica, la jugadora se planteó participar en un mínimo de 15 certámenes. Lo hizo en un lugar exótico, pero que para ella ya es su segunda casa: la ciudad tunecina de Tabarka.

Con confianza y buen tenis, alcanzó los cuartos de final en cinco torneos W15 y va por más. Para ello no sólo mejoró desde lo deportivo, sino que la experiencia de vivir en un lugar tan distinto desde lo social y cultural, la fortaleció mentalmente. En una extensa y amable charla, la tenista dialogó desde Túnez en exclusiva con AA Deporte y contó cómo es vivir en una cultura machista en la cual la mujer ve limitadas sus libertades. “En Egipto una vez la pasé realmente mal, sentí que si me ocurría algo no se enteraba nadie” afirmó. Además expresó: “En Túnez todo es distinto a Argentina, pero me adapté, no me quedó otra”. También se refirió a su experiencia en Francia y a los sacrificios realizados allí: “He dormido en clubes o incluso en casas de personas que no conocía”.

¿Qué balance hacés de la temporada hasta el momento?

Súper positivo. Hace mucho que no estaba tanto tiempo afuera de mi casa, fue un gran esfuerzo mío y de mis papás, quienes siempre me bancan. Trato de mejorar día a día y esta gira me hizo muy fuerte desde lo mental, por eso los resultados se me están dando. Alcancé los cuartos de final en cinco torneos ITF, allí tuve partidos difíciles, pero estoy contenta porque sé que tengo un buen nivel y que puedo dar un poquito más. A pesar de que las condiciones no fueron las mejores, hubo resultados positivos.

¿Cómo es competir durante varios meses en un país tan lejano y con tantas diferencias culturales?

Es muy fuerte el choque cultural. Es fuerte además estar todas las semanas compitiendo con poco tiempo para entrenar debido a los triunfos ya que hay que cuidar el físico. La cabeza también juega un papel importante. A veces se necesita un pequeño parate para recuperar, juntar ganas y entrenar. En este país todo es distinto a Argentina, yo acá no tengo nada, sólo la ropa es mía. No es como estar en casa pero una se tiene que adaptar, no queda otra.

¿Cómo surgió el hecho de jugar cuatro meses del año en Túnez?

Estamos contentas de que en Argentina se hayan realizado tres W15, era lo que las jugadoras habíamos pedido a principios de temporada. A muchas chicas les fue muy bien y quedó demostrado que nuestro país tiene nivel tenístico en la rama femenina, y que nos merecíamos que se realizaran esos torneos. Pero si una se quiere dedicar profesionalmente a esto necesita jugar por los menos 20 futures al año, por eso decidí venir a Túnez, tengo muy en claro que quiero dedicarme a esto. Igualmente a veces la cuestión económica es difícil, yo hice un mes de ITF y después me fui a jugar por plata dos meses a Francia para poder bancarme todos los gastos de aquí de Tabarka.

Yo elijo a Túnez porque me gustó la gente de acá desde la primera vez que vine. Me tratan bien, y siento un ambiente familiar. Son amables y me siento contenida. Aquí tengo una relación muy cordial con toda la gente: los organizadores del torneo, los jugadores y jugadoras, los trabajadores del hotel y del restaurant. Estar todas las semanas en un mismo lugar es positivo porque no te tenés que mover todo el tiempo, no tenés que viajar, lo cual implicaría más gastos. También es bueno tener habitualmente las mismas condiciones y ya conocer las canchas, las pelotas, el clima.

Foto: Instagram @AgusChepar

¿Cuáles son las características de la ciudad y cuáles son las particularidades culturales y sociales? ¿Cómo es el trato hacia la mujer?

Es una ciudad chiquita, turística, pero el centro es un desastre. Hay dos supermercados, una farmacia, un hospital y nada más. Hay muchos hoteles abandonados, sectores sucios. El hecho de no tener muchas cosas para hacer, para distraerse, a veces complica un poco.

La ciudad no ofrece demasiado y, en mi caso, siendo mujer, no puedo andar sola debido a la cultura del lugar, la cual está muy atrasada. Acá la mujer es tratada como una menor de edad, no puede salir a la calle sin el hombre de la casa (ya sea el hermano, el padre o el marido). Además tiene que estar toda tapada, no es fácil la situación. Por un lado pasar por esto está bueno porque te abre mucho la cabeza, pero es fuerte.

En verano, en la playa, si la gente me ve en bikini se indigna, les choca, ya que están acostumbrados a que las damas ingresen al mar vestidas con trajes de neoprene, con los cuales se les ve sólo la cara o incluso sólo los ojos. Pero a mí me indigna que la mujer siempre tenga que estar vestida de esa forma.

¿Cómo afrontaste los primeros días en ese país? ¿Te tocó pasar por alguna situación difícil o incómoda?

A los 19 años viajé por primera vez a Túnez. Cuando llegué el aeropuerto estaba lleno de gente y las diferencias culturales eran muy grandes. Lo primero que pensé fue “¿qué hago acá? ¿qué es esto?”. Ya había hablado con unas amigas y me habían dicho que me tenía que tapar e ir con pantalón largo y buzo. Al principio en el hotel fue fuerte porque me miraban raro. Una vez en Egipto la pasé mal, en una jornada de 40 grados tuve que estar vestida con pantalón, buzo y capucha, transpirando mucho. Tuve que hacer escala en El Cairo sola a las 12 de la noche para llegar a un torneo. En el aeropuerto había sólo hombres y me sacaban fotos: pasaban, veían que yo era rubia y de ojos claros, y me sacaban fotos y me filmaban. Esa vez me puse a llorar, estaba sola y sin señal en el celular, sentí que si me pasaba algo no se enteraba nadie.

Ese tipo de situaciones se dan porque les parece raro, distinto, ver a una chica blanca y rubia. Pero son momentos muy incómodos porque te sentís de otro planeta. Las mujeres de esta zona para comer se levantan un pedazo de tela porque no muestran ni la boca. No pueden caminar solas por la calle, por lo tanto fue muy fuerte la primera vez que vine. Recién ahora, y si el marido quiere, algunas mujeres pueden conducir autos, llevar a los hijos al colegio.

En mi caso, más allá de que yo sea extranjera, cuando voy al supermercado aunque hagan 50 grados estoy con pantalón largo y abrigada. Si llego a salir en short me pueden mirar muy mal, da miedo.

Actualmente te encontrás con algunas molestias desde lo físico, ¿cómo te manejás en ese tipo de situaciones? ¿En qué idioma?

Cuando estoy lesionada es un bajón, me dan ganas de estar en mi casa. Porque no puedo jugar ni entrenar, el médico se comunica en árabe y un poco de francés, es una aventura entender lo que me dice (risas). Lesionarse acá es muy duro desde lo mental, pero trato de estar de buen humor.

En la competencia de alto rendimiento la alimentación es un factor fundamental, ¿cómo es la comida de Tabarka?

Es otro punto complicado (risas). Cuando vas a comer hay muchos platos extraños, no sabés bien lo que es. Trato de comer verdura cocida porque por lo general acá el agua no es potable. Hubo casos en que jugadoras en Egipto ingirieron lechuga mal lavada y se enfermaron de hepatitis, por eso con la comida hay que tener un cuidado enorme. También hay que evitar las salsas, aquí se usan picantes y condimentos, platos elaborados. En el hotel la comida no está mal, hay días que hay de todo para comer pero otros días no hay tantas opciones y como arroz o fideos.

¿Cómo fue la experiencia de jugar por dinero en Francia?

Jugás tres torneos por semana, con 150km de viajes, competís a la mañana en un lugar y a la tarde en otro. En el medio pasa de todo y a veces no hay lugares para comer o para dormir. He dormido en clubes o incluso en casas de personas que no conocía. Al otro día hay que levantarse con todas las cosas, entrar a la cancha, jugar y ganar, porque si no ganás no hay plata, y sino tenés dinero se complica el día a día. Lo positivo es que cuando se consiguen triunfos los premios en Francia son muy buenos y eso puede darte una base desde lo económico.

Respecto a lo deportivo esta temporada allí no me fue tan bien ya que no junté el dinero que tenía pensado juntar y el esfuerzo que hice fue inmenso. Eso mentalmente fue duro. Cuando hacés mucho sacrificio y las cosas no salen como querés, dan ganas de tirar todo a la mierda, es frustración pura. La presión de tener que ganar porque hay poca plata es algo muy difícil, además el hecho de comer lo que sea y dormir en donde sea te pasa factura desde lo físico.

Pero si podés atravesar todo eso y podés continuar a pesar de eso, lo vivido te hace muy fuerte. Eso me ocurrió a mí. Ahora entro a un partido y, si me toca perder, me lo tomo de buena forma y a la tarde estoy otra vez entrenando. En cambio, hace dos años cuando perdía me ponía mal. Hoy tengo una visión distinta, después de esas condiciones que viví en Francia, venir a Túnez y dormir todos los días en la misma cama, cumplir con todas las comidas, disponer de un gimnasio y entrenar siempre, me da una tranquilidad enorme.

¿Cuáles son tus próximos objetivos?

En lo que queda del año buscaré seguir con un buen nivel tenis, eso es lo más importante, lo que más confianza da. Para la próxima temporada buscaré arrancar con el mejor ranking posible y jugar más torneos W25.

¿Cómo describirías tu estilo de juego y qué te parece el nivel del circuito ITF?

El circuito tiene altibajos en su nivel. Hay semanas muy exigentes y otras no tanto. Le podés ganas a cualquiera, y podés perder con cualquiera, es muy parejo. Mi juego es agresivo, pero este año implementé cambios de ritmos e ir más a la red.

Foto: Comité Tennis de l’Hérault