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¿Cómo fue la evolución de las mujeres en los Juegos Olímpicos?

Desde la prohibición a siquiera ser espectadoras hasta establecer récords olímpicos, las deportistas superaron el machismo conservador y hoy son un pilar fundamental en el mundo deportivo.

Por Agustín Ares y Agustín Vergari

Centenares de años tuvieron que pasar para que las mujeres deportistas, en cualquiera de la amplia variedad de disciplinas, tuvieran el respeto, reconocimiento y equidad de posibilidades que su contraparte. Es necesario conocer la evolución de las mujeres en los Juegos Olímpicos.

Ya desde sus inicios en el 766 a.C, los Juegos Olímpicos estuvieron marcados por la única presencia de los hombres, criados desde su nacimiento para ser guerreros y soldados, además de practicar y participar en las pocas pruebas olímpicas que existían en aquel entonces. Las mujeres, en cambio, no solo eran instruidas en el cuidado de los hijos y el hogar, sino que en el ámbito deportivo ni siquiera tenían permitido el ingreso al estadio, siendo la única excepción ser madre de un campeón olímpico.

Los años transcurrieron y los Juegos y sus costumbres fueron sepultados por el Imperio Romano, y no fue sino hasta el siglo XIX cuando el Barón de Coubertin tuvo la gran idea de revivir esta tradición deportiva.

Empero, la creación de los Juegos modernos mantuvo la misma política que sus predecesores de la antigüedad: las mujeres tienen el acceso prohibido, ideal que Coubertin mantuvo hasta su fallecimiento. Sin embargo, poco pudo lograr una idea ante la presión femenina, por lo que en París 1900 la representación de las mujeres sería el 2% del total de los atletas, participando de aquellas disciplinas que eran consideradas acordes a su naturaleza, como golf y tenis. Así, Charlotte Cooper (tenis) se convirtió en la primera campeona olímpica de la historia.

Juego a Juego el paradigma deportivo en gran parte del mundo iba mutando con ideales de igualdad de participación. Para 1928, en Ámsterdam, fueron 300 deportistas presentes, casi el 10% del total, y, ante todo, pudieron participar en el deporte madre: el atletismo.

Un dato curioso es el llevado a cabo por Alice Melliat, remera y fundadora de la Federación de Sociedades Femeninas de Francia y organizadora de la Federación Internacional Deportiva Femenina en los años ‘30. Con la aspiración de mayores derechos para las mujeres, decidió realizar, en 1930 y 1934, los Juegos Mundiales Femeninos en Praga y Londres, respectivamente. Países y atletas femeninas presionaron a las altas esferas del COI y la IAAF que no les quedó más remedio que doblegar sus prejuicios y ampliar aún más los cupos femeninos en los Juegos Olímpicos.

Los años siguieron pasando y las mujeres iban tomando cada vez mas notoriedad. Enriqueta Basilio, atleta mexicana, fue la primera mujer en encender el pebetero olímpico durante los Juegos de 1968 en su país natal.

Imposible no recordar la hazaña de Nadia Comaneci, que con14 años fue la primera en conseguir una calificación perfecta en barras asimétricas durante los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, cuando los marcadores electrónicos ni siquiera estaban habilitados para mostrar el 10 perfecto.

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Nuevo milenio: más participación y menos restricciones

Ya en pleno siglo XXI, en Atenas 2004 las mujeres ya acaparaban el 40,7 % de la totalidad de atletas (4.329), récord que se batiría año a año. En Londres 2012, denominados los “Juegos de la Mujeres”, el 46 % de deportistas participantes eran mujeres (4.850 mujeres).

Ya en Río 2016, cuatro mujeres tomaron la posta al acaparar toda la atención del mundo olímpico. Ibtihaj Muhammad, esgrimista estadounidense y de raíces musulmanas, fue en la primera atleta de ese país en usar un hijab en un Juego Olímpico. Dato curioso: un año después tuvo una muñeca Barbie inspirada en ella.

Chloe Anderson marcó un antes y después. Finalmente, el COI informó que los atletas transgénero podrían competir sin someterse a cirugía, lo que la transformó en la primera atleta transgénero en el equipo de vóleibol de Estados Unidos.

Simone Biles, quizá la más conocida, fue cuatro veces campeona olímpica de gimnasia y, actualmente, es la gimnasta más condecorada en los Campeonatos del Mundo y la primer afroamericana en ganar un título mundial.

Para Tokio 2020, a pesar de la situación pandémica, las autoridades organizadoras aseguraron que «los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 serán los primeros Juegos Olímpicos con paridad de género en la historia con un 48,8% de participación femenina», dijo el presidente del COI, Thomas Bach. «Hoy, el COI también decidió que debería haber, por primera vez en la historia, al menos una atleta femenina y otro masculino en cada uno de los 206 equipos y el Equipo Olímpico de Refugiados».

Chloe Anderson y Ibtihaj Muhammad.

Las máximas exponentes de Argentina

La primera mujer en ser abanderada en un Juego Olímpico fue Isabel Avellán en Melbourne 1956. La lanzadora de disco consiguió su mayor logro: se quedó con el sexto puesto y obtuvo un diploma olímpico.

En Roma 1960, Cristina Hardekopf llevó la bandera nacional, pero con una particularidad que, por suerte, no se volvió a repetir: la clavadista no fue incluida como deportista participante en la delegación nacional porque, por última vez, la lista era íntegramente masculina.

Para los Juegos de Tokio 1964, nuevamente una mujer fue la abanderada designada: la mítica Jeannette Campbell.

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Pasarían 24 años hasta la siguiente mujer abanderada en la Ceremonia de inauguración de unos Juegos: Gabriela Sabatini, en Seúl 1988. Tenía apenas 18 años y ganó la medalla plateada en lo que fue la vuelta del tenis como deporte olímpico después de 64 años. Luego, la judoca Carolina Mariani llevó la celeste y blanca en Atlanta 1996 y logró un séptimo puesto al igual que en Barcelona 1992, lo que fueron sus mejores marcas olímpicas.

La última y tal vez más recordada, por lo reciente y por ser sus últimos Juegos, fue Luciana Aymar en Londres 2012. La “Leyenda del Hockey” (declarada así por la Federación Internacional de Hockey en 2008) se convirtió en la segunda deportista argentina en ganar cuatro medallas olímpicas -después de Camau Espínola- sin dudas una referente de las mujeres en el deporte.

Igualmente, la atleta más representativa en este último tiempo, al menos en las disciplinas individuales, es Paula Pareto. La judoca logró, en Beijing 2008, la medalla de bronce. Sin embargo, eso no fue suficiente para ella. En Río 2016 escribió una página más de su destacada trayectoria deportiva: se quedó con la presea dorada y se transformó, de esta manera, como la primera deportista femenina en obtener esta medalla en un Juego Olímpico de manera individual.

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Foto: Reuters.

Foto: Infobae.

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