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Sebastián Rossi, un slalomista que no se da vuelta

Uno de los referentes del canotaje slalom festeja 30 años de vida, de los cuales, la mitad, estuvo en el agua. Participante de dos Juegos Olímpicos, repasó su vida, lo que la pandemia le dejó y sus nuevas aspiraciones.

El documento de Sebastián Maximiliano Rossi dice que nació un 12 de febrero de 1992 en Vicente López, provincia de Buenos Aires, lindante a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se recibió como Licenciado en Administración de Empresas.

En sus comienzos remó para la Asociación de Kayakistas de Aventura (AKA), y actualmente pertenece al Club de Pesca y Náutico Las Barrancas. Actualmente se encuentra entrenando en nuestro país en vistas al Panamericano de la especialidad.

En vísperas a su cumpleaños y durante un alto en los entrenamientos, se mostró abierto al diálogo para mostrarnos cómo es el día a día de un deportista del alto rendimiento. Y cómo logró, entre otras cosas, sortear el año pandémico.

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¿Qué fue lo que te impulsó a la práctica del canotaje? ¿Cómo llegaste al slalom?

Arranqué en el canotaje por mi papá, él siempre hizo la actividad de joven. Si bien no llegó a nivel competitivo a nivel mundial, participó de varias competencias internacionales, de Copas del Mundo, de Campeonatos del Mundo, de los Preolímpicos de Atenas; pero siempre a un nivel más sudamericano que mundial. De a poco fui siguiendo sus pasos. Él me inició en el canotaje slalom. Empecé en una escuela que había abierto en la Ciudad de Buenos Aires, en una pileta llamada “Martín Fierro”, que arrancó como una escuelita para enseñar a remar a la gente. Mi papá daba clases ahí y empecé a acompañarlo allá por el 2006. En el 2007 tuvimos la suerte que el Campeonato del Mundo era en Foz de Iguazú (Brasil) y como era cerca fuimos. Ahí fueron mis inicios en el slalom de verdad. Le dimos duro, preparando de la mejor manera el torneo. Obviamente quedamos últimos, muy atrás, había mucho nivel. Después de ese Mundial compramos un bote. Era uno de los botes nuevos, y nosotros teníamos equipamiento viejo. A partir de ahí comenzamos a entrenar con los materiales nuevos y en 2008 participé del Campeonato del Mundo Junior que volví a quedar último. En esos dos años tuvimos también un entrenador brasilero, un entrenador francés que después vino a vivir a Argentina y con eso subimos el nivel enormemente. Ya para el 2010 estábamos quedando cuartos en un Campeonato del Mundo. Fue intensivo, mucho esfuerzo que hicimos con mi papá para poder llegar a un nivel competitivo a nivel mundial. Para 2011 estábamos quedando fuera de las semifinales en un Campeonato del Mundo Senior por 0.04 segundos. En 2012 clasifiqué a mis primeros Juegos Olímpicos y se empezaron a dar los resultados más importantes, donde pude ganar dos Campeonatos Panamericanos, quedé también segundo detrás de Estados Unidos y Brasil. Para 2014 quedé cuarto en U23. Volví a clasificar a unos Juegos Olímpicos (Rio de Janeiro) y luego quinto en un torneo del mundo en 2020. Y luego vino la pandemia.

¿Hiciste otros deportes antes que llegaron a estar a la par del canotaje y tuviste que optar por alguno?

Siempre practiqué otros deportes. Me gustan mucho hacer todos menos quizá el tenis porque no coordino mucho. Hacía fútbol, después me cambié a básquet. Hice dos años hockey en el Club Provincia. Y ya cuando tenía 14 o 15 años me metí directo al canotaje y me apasionó. Si bien seguí haciendo otros deportes a la par, fueron de manera recreativa. Con mis amigos jugamos al básquet o al fútbol, también al squash. Además, gimnasio, correr, roller, surfear. Todo para complementar el entrenamiento, porque me gusta la vida deportiva.

¿Qué enseñanzas te dejó la pandemia? Vimos por ahí algún que otro video entrenando en la casa de tu novia, en la pileta. Recordanos ese momento…

La pandemia para el deportista fue dura porque no se podía ir a entrenar ni salir de casa. Por ahí era complicado la parte aeróbica. La parte del gimnasio tuve la suerte de tener uno para hacer lo básico. Pero para remar era medio imposible salir. Tuvimos la idea de en la pileta de mi novia, que, si bien es chica (cuatro por dos metros) daba como para atar el bote con una cámara de bicicleta a justo un árbol que teníamos atrás. De esa manera era una especie de remar sin avanzar. No era lo ideal, pero sirvió para estar muy enfocado en el preolímpico. Hacíamos eso la mayor parte, que fue durante el 2020. Para octubre pudimos viajar a competir a una Copa del Mundo y quedé quinto. Fue muy duro, muy difícil para la cabeza, muy monótono entrenar en la pileta sin poder moverse. Recién para junio pudimos salir con los permisos para estar en el Río de La Plata, que tampoco es lo ideal, pero podíamos movernos libremente.

¿Te sentiste un poco afortunado en ese sentido?

Afortunado no me sentí la verdad. Creo que tuvimos que remarla en contra. En Argentina por ahí no estaba bien reglamentado. Capaz con algún protocolo de seguridad se hubiese podido ir a entrenar. O viajar afuera que era lo que más necesitábamos para prepararnos para el Preolímpico, y los Juegos Olímpicos que iban a venir después. La motivación estaba y pude, a pesar de la circunstancia, entrenar de la mejor manera que se me daba.

Yo creo que no fui afortunado porque a los de mi competencia yo los veía en Instagram, en Facebook, que estaban entrenando normalmente bajo ciertos protocolos, pero ya podían remar en las pistas. Y yo estaba acá atado en la pileta remando, con mucha hambre y venía haciendo buenas carreras hasta que empezó la pandemia y no quise parar. Un poco no fue tanto la suerte, fue un período en el que tuve que estar fuerte de la cabeza y no dejarme estar porque cuesta mucho remontar. Así que lo pude sacar adelante, pero no fue fácil la verdad.

¿Pasó el mal trago de Tokyo 2020?

El mal trago de Tokyo 2020 no pasó todavía. Me cuesta un poco aceptarlo. Estaba muy preparado para ir a competir el Preolímpico, para ganar mi plaza que la íbamos a disputar contra Estados Unidos y Brasil que eran mis candidatos más fuertes. Venía de estar delante de ellos en las competencias, así que estaba bastante confiado. Primero se pospuso un año, después se pospuso dos meses y después finalmente se suspendió. Fue la decisión de la Confederación Panamericana de Canotaje de no hacer el Panamericano, suspenderlo por motivos de pandemia. Estaban haciendo todos sus clasificaciones continentales. Oceanía la hizo, África la hizo en España que era una opción. Asia la hizo en Tailandia y la pudieron hacer correctamente. Acá en América se decidió no hacerla. Se tomó un ranking del mundo del año 2018 y 2019 que a mí no me favorecía porque Estados Unidos estaba unos puestos arriba mío. Terminaron decidiendo la plaza por ranking mundial de esos años. El 2020 no entró en cuenta. Me perjudicó porque el haber quedado quinto en una Copa del Mundo mejoraba mucho el ranking. Fue una decisión que no compartí, pero hay que aceptar cuando ya a uno se le escapa de las manos. Realmente hice todo lo que pude. Entrené, me preparé. Pero ya cuando no pude ir uno, ni siquiera a disputar la plaza como debía ser, el fair play de todo, siento que fue a dedo. El comité de Estados Unidos, que sabía que estaban en esos criterios, y que estaban arriba mío, tampoco hicieron mucha fuerza para suspenderlo. Y el Comité Olímpico de Estados Unidos tiene bastante peso en lo que es todo el deporte, ya se sabe que en los Juegos Olímpicos sacan muchas medallas, tienen mucha influencia. Fue un poco eso y el mal trago, lo tuve que aceptar. Todavía hoy me cuesta un poco. Fue algo que me desmotivó bastante, pero estamos volviendo a ese nivel después de unos años duros.

¿Cómo se componen los Rossi kayakistas?

Somos una familia abocada al canotaje slalom. Mis dos hermanos también compiten. De hecho a Lucas le favoreció el tema de la selección por ranking del mundo, porque estaba por encima de Chile, Venezuela, Colombia, que eran los países contra los que él iba a disputar. Estuvo bueno porque pudo no poner en riesgo la plaza en juego cuando ya la tenía ganada. Él pudo ir a Tokyo 2020. Por ahí le pasó un poco igual que a mí. Que la preparación no fue la óptima porque él también estuvo mucho tiempo en Argentina parado y eso se vio en su rendimiento en Tokio. Los otros países venían mucho más preparados. Estaban entrenando desde mucho más tiempo que él.

Somos una familia que ya cuenta con dos atletas olímpicos. Mi hermana por ahí no llegó al nivel mundial competente, pero si tiene un muy buen nivel panamericano. Ha sacado medallas en Panamericanos y Sudamericanos. Es lindo porque lo podemos compartir en familia. Viajamos siempre juntos. Mi papá como entrenador, mis dos hermanos compitiendo al lado mío, mi mamá que es jueza internacional. Ella hizo de jueza en los tres Juegos Olímpicos, en todos los Juegos Panamericanos. Así que le toca vernos desde su puesto de jueza, pero le toca ser imparcial y está siempre alentándonos igualmente desde ahí. En nuestra casa siempre se respiró mucho el canotaje. Mi papá es un apasionado, un loco por el canotaje. Estoy muy agradecido por poder compartirlo con mi familia.

¿Qué características te marcan como palista por sobre el resto?

Algo que no solo veo en mi sino en varios deportistas argentinos es que hay una notoria diferencia en la garra. Hay muchos deportistas que la tienen, no solo el argentino. Son pocos y es algo como que se ve generalmente en los deportistas argentinos, que por ahí tienen muchas cosas en contra, por no tener las facilidades de otros países. Es un poco de ese doble esfuerzo que hay que hacer acá para estar a nivel mundial. Por ahí no se tiene mucho en cuenta, pero es un esfuerzo que sino es el doble, por lo menos un cincuenta por ciento más de lo que hacen los otros. Cuando viajábamos teníamos que aprovechar cada sesión al máximo. Y no podíamos no rendir. Porque era el tiempo que teníamos para adaptarnos a las pistas fuertes de allá. Era un poco la manera de suplir esa falta de no tener un canal de aguas rápidas en Argentina. Era llegar y estar realmente muy fuertes físicamente, casi por un cincuenta por ciento arriba del resto para poder aprovechar cada entrenamiento al máximo. Y no estar cansados, no tener lesiones. Nunca me lesioné. Eso fue un esfuerzo grande. Y es un poco también eso que me caracteriza de ir al frente, no bajar los brazos.

Una anécdota: en el Mundial de 2015 que era favorito para ganar venía de quedar cuarto el año anterior y en el primer día de las clasificatorias quedé tercero, venía bien, una bajada normal. En el día de la semifinal, donde los diez mejores pasamos a la final, a mí se rompió la pala antes de la puerta número uno, no sé si fue un defecto de fábrica, en vez de parar hice toda la pista con las manos. Tuve pocas penalidades a pesar de estar remando sin pala y eso caracteriza un poco lo que soy y lo siempre fui. Pero es un poco más el hecho de hacerlo cien veces hasta que sale bien y no desistir. Es algo que caracteriza bien al argentino lo que tiene que hacer cuando va a competir afuera.

Describinos un día de entrenamiento cuando hay alguna competencia.

Los días de entrenamiento generalmente es una semana, o cinco días. Son entrenamientos técnicos, no se busca mucho hacer ejercicios porque la preparación física ya la tenemos preparada desde antes. Es más que nada una preparación mental porque empieza rápido a subir el estrés. En un Campeonato del Mundo o en Juegos Olímpicos también hay mucho estrés por la parte de que uno se siente visto y eso pesa. Es el manejo día a día de la cabeza donde creo que es lo más importante. El resto es un entrenamiento por día. Muchas veces me gusta ir a remar a la tarde cuando baja el sol a dar unas vueltas para decalentar, conectarme con el bote. Sentir que los músculos están fuertes pero relajados. O el mismo día si compito por la tarde, a la mañana me gusta ir a remar un poco, pero sin cansarme, sin esforzarme. Y más que nada practicar todos los gestos técnicos que voy a tener que repetir después en la bajada de la pista ya que no la podemos practicar. Tenemos que visualizarla mucho y después estar bien presentes en el momento para ir siguiendo un plan que ya tenemos previsto y que lo analizamos desde el borde del río como para ir sabiendo bien que palada poner en qué lugar, cómo poner la posición del bote en cada lugar. Hay que hacer mucha visualización, mucha meditación, estar tranquilos con los ojos cerrados, relajarse.

¿Qué les podés decir a los más jóvenes que ya asoman en el canotaje, dentro del cual está tu hermana?

A los más jóvenes dentro del canotaje, y de otros deportes, creo que primero que nada tienen que decidir si les gusta, porque si haces algo que no te gusta es muy complicado. Todo depende de los objetivos que uno tenga. Pero para estar a nivel mundial, entrar a Juegos Olímpicos, o hacer medalla en Juegos Panamericanos, hay que estar realmente muy convencidos. Después ganás mucho más en experiencias, viajás por todo el mundo, conocés gente, aprendés idiomas. Te enriquece mucho la vida. Te prepara como persona el deporte. Diría que sean pacientes porque los resultados no llegan rápido. Uno va a ganar siempre menos de lo que espera. De diez vas a ganar una y esa una es realmente preciada. Salvo los cracks del deporte que son contados con la mano creo yo. Pero en general, son más las veces que nos va mal que las que nos va bien, pero todo se hace por esa vez que nos va bien. Así que ser paciente, perseverante es el consejo que doy. Y siempre hacerlo con ganas, con gusto y con motivación.

¿Qué tiene tu deporte principalmente por sobre el resto?

Yo creo que el canotaje slalom, por sobre el resto, tiene de lindo al contacto con el agua. Hay muchos deportes que lo tienen, pero sobre el agua rápida no tanto. Realmente sentir que el agua se mueve, que tiene fuerza, que la podés usar, no tenes que luchar contra ella, sino buscar fluir para maximizar cada movimiento que te pueda ayudar el agua, las corrientes, los rulos, las contracorrientes es muy importante. Buscar ese óptimo, ese feeling, creo que solo se da en nuestro deporte. Tenemos realmente una sensación del bote que es única a nivel mundial. Es casi una parte del cuerpo ya en determinado momento. Es un feeling que se va desarrollando de años. Por eso en mi deporte, salvo algunos casos muy puntuales, la mayoría son a los 30, 32 años que llegan a su máximo deportivo, porque es un deporte muy técnico. La experiencia suma un montón. Precisas, también, tener mucha concentración para recordar las pistas, los movimientos. Pero la parte linda es la de concentrarse, memorizarse una pista y estar presentes en el momento para que no te agobie el plan, sino entender que el plan ya está en la cabeza y es fluir con el agua que es una sensación única que nos da el canotaje slalom.

Por último, ¿cuáles son tus próximos objetivos?

Hoy en día me gustaría sacar una medalla en lo que van a ser los Juegos Panamericanos de Santiago que serán el año próximo. Tenemos también un objetivo que es nuevo para este año, que son los Juegos Sudamericanos de Paraguay, que es la primera vez en la historia que el canotaje slalom va a estar presente. Por ahora me manejo con objetivos hacia nivel panamericano. Estoy también en preparativos para ver si en 2023 puedo ponerme al cien por ciento. Creo que también necesito un tiempo para descansar, para preparar los Juegos de París 2024, y buscar una clasificación a lo que serían mis terceros Juegos Olímpicos. Pero por el momento son Asunción 2022 este año, y los Juegos Panamericanos del año próximo.

De esta manera Sebastián Rossi analizó su carrera deportiva. Tendrá el desafío de nuevos objetivos, con el aliciente de los tiempos que corren donde además deberá sortear los obstáculos de la puerta cuando baja en la pista.

Rossi participó de dos Juegos Olímpicos, donde en Londres 2012 finalizó 16to y en Rio de Janeiro fue 17mo (ambos en C1). Supo ganar la medalla de bronce en compañía de su hermano Lucas (21ro en Tokyo 2021) en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 (en C2); y la medalla de Plata, en C1, en los Panamericanos de Lima 2019. Obtuvo la medalla de Bronce en el pre mundial de 2018. Y en Copas del Mundo viene de ser 5to en Pau –Francia- en C1 en el 2020.

Fotos: Gentileza Sebastián Rossi

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