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Liu Song: el chino más argentino de todos

Liu Song, es uno de los tenismesistas más conocidos de Argentina. Un viaje por su infancia y por su carrera.
Por Agustín Vergari

Corría el año 1990 y los papás de Liu Song se radicaron en la Argentina. Mientras ellos ponían una lavandería en el barrio porteño de Floresta, él se destacaba en el tenis de mesa. Claro, ese deporte en China es como el fútbol para nosotros: se respira tenis de mesa. Es más, por algo los cuatro mejores tenistas de mesa del mundo son de ese país. Sin embargo, Song tenía su mirada lejos de Asia: sus ojos estaban en Argentina.

En un país en el que Carlos Menem ganó la reelección, que la economía se manejaba bajo el 1 a 1, llegó Liu Song para radicarse en Floresta. Sin embargo, enseguida, gracias a la ayuda de su hermana, fue a probar suerte al CeNARD con el objetivo de poder seguir practicando tenis de mesa. El resultado era obvio: él quedó. Era imposible que no quedara. Si el deporte no es muy común en Argentina y él era de los 8 mejores tenistas Sub-18. Es más, en 1991 logró el campeonato nacional individual junior en el país oriental.

Rápidamente se ganó el respeto por todos los tenistas del circuito. En 1995 ganó el Open de Brasil y al año siguiente fue semifinalista del US Open. Desde que llegó al país hasta el 2001 ganó absolutamente todos los campeonatos nacionales. Sin dudas, Song era el mejor tenista del país. Por eso, decidió continuar su carrera en Europa. Consiguió títulos importantes en Alemania, como el ascenso de un equipo a la primera división o jugar en Croacia y Francia.

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En 1999 fue seleccionado para ir a jugar los Juegos Panamericanos en Winnipeg, Canadá. Se quedó con la medalla de plata en la prueba individual y en la prueba por equipos. Eso le valió para participar al año siguiente a los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. En paralelo comenzó a disputar los campeonatos del mundo del tenis de mesa.En el 2003 volvió a participar en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo. En República Dominicana llovía a cantaros, pero Song, junto al maestro Pablo Tabachnik, consiguieron la medalla de bronce en la prueba de parejas. Luego, Song, haría lo mismo en la rama individual. Nuevamente llegó a un Juego Olímpico: Atenas 2004. Consiguió su mejor resultado al llegar a los 32 avos de final.

Ya asentado en Burdeos, Francia, Song nuevamente fue convocado para defender los colores nacionales en los Juegos Panamericanos de Río 2007. Parecía que por fin era su año: estuvo en los Juegos anteriores en el podio, venía de conseguir su mejor marca en el Campeonato Mundial disputado en Zagreb, Croacia, al llegar a dieciseisavos de final y alcanzó a disputar por el noveno puesto en la Copa del Mundo celebrada en Barcelona, España. Sin embargo, el resultado no fue el esperado: en una final apasionante, el chino nacionalizado dominicano, Lin Ju, derrotó 4-3 al Argenchino, como así lo apodan sus amigos y conocidos. Los parciales fueron 11-8, 9-11, 11-8, 11-6, 8-11, 9-11 y 6-11. Sin embargo, logró clasificarse a los Juegos de Beijing, aunque no pudo mejorar los resultados de Atenas.

Ya sin el nivel que tuvo en años anteriores, Song fue convocado para disputar los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. “El último tiro”, como se dice en el tango. Y sí que lo aprovechó. En las pruebas por equipo, nuevamente cayó en la final, junto a Pablo Tabachnik y Gastón Alto, que en esos momentos era una joven promesa del tenis de mesa nacional. Sin embargo, el día siguiente Song alcanzó la gloria: después de luchar 12 años contra viento y marea, aquel joven que llegó a Argentina sin conocer absolutamente nada, salvo Boca Juniors, consiguió la presea dorada tras derrotar con autoridad 11-8, 11-6, 5-11 y 11-7. Sí, por fin Song pudo lograr lo que siempre luchó. Tiempo después él confesaría que “en esos Juegos tuve mi mejor nivel. Pude poner toda mi experiencia y ganar la medalla”. De esta manera, se clasificó de manera directa a los Juegos de Londres 2012. El resultado fue anecdótico porque apenas pudo llegar hasta la segunda ronda. Es más, después de ese torneo se retiró de la Selección Argentina.

Siguió viviendo en Burdeos y compitió en la primera de Francia hasta el 2015. Junto a su esposa abrió un restorán chino y se dedicó, a lo Rocky Balboa, de lleno a eso. Por más que en una entrevista haya confesado que eso no le llena tanto como el tenis de mesa, el decorado del lugar es con fotos suyas: sí, igual que Rocky Balboa.

Igualmente, sigue compitiendo. Es imposible abandonar eso que tanto le apasiona. Con 48 años participa en encuentros de la cuarta o de la quinta división de Francia, cuando puede y tiene tiempo. Sin embargo, espera por una gran oportunidad: ser el técnico de la Selección Argentina de tenis de mesa. Él mismo confesó el año pasado que ya hubo contactos desde la Federación Argentina de Tenis de Mesa y que trata de vender su restorán para poder dedicarse de lleno a eso. Por más que le haya llegado propuestas de otros países, él espera poder hacerlo con la bandera argentina. Fanático de Boca, del asado y no le gusta el mate. No obstante, eso no quita de ser el chino más argentino de todos.

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