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El básquet argentino atravesado por la dictadura militar

Alicia Alfonsín y la Selección del 80: dos historias ligadas al básquet que han sido marcadas por la última dictadura militar transcurrida entre 1976 y 1983. Desaparición y prohibición en una Argentina atravesada por el horror y la opresión.

Por Sol D’Amato

Alicia Alfonsín era jugadora de básquet del club Colegiales, de Capital Federal. Allí conoció a quien fue su pareja y padre de su hijo Juan, Andrés Cabandié. Tenía 16 años cuando diez hombres de civil la interceptaron en la esquina de su casa. Era el 23 de noviembre de 1977 cuando fue vista por última vez en la calle, embarazada de cinco meses.

En Colegiales, Alicia es recordada por su técnica y precisión, portaba la camiseta número 6 y era aguerrida con las rivales, comentan sus compañeras en el documental «Deporte y Dictadura», emitido por el Canal Encuentro. Militante dedicada a llevar el deporte a los barrios populares, Alicia fue perseguida, secuestrada y desaparecida por la Dictadura Cívico Militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.

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Fue prisionera en dos centros clandestinos (El Atlético y El Banco), para luego ser trasladada a la ESMA, y hacia marzo de 1978 tuvo a su hijo Juan, con quien permaneció 15 días y posteriormente fue dado al miembro de la Policía Federal, Luis Falco. El 26 de enero de 2004, Mariano Falco comprobó que en realidad era Juan Cabandié, hijo de Alicia Alfonsín, jugadora del club Colegiales, y Andrés Cabandié.

Alicia Alfonsín y el Club Colegiales – Archivo Abuelas

Años más tarde, la Selección argentina de Básquet lograba en Puerto Rico, luego de 28 años, la clasificación a los Juegos Olímpicos de 1980, en Moscú. En el Preolímpico tuvieron que enfrentar a los locales, que venían de ser medalla de plata en los dos últimos Juegos Panamericanos, Brasil, tercero en el Mundial de 1978, y Cuba, por esos años todavía una potencia continental.

La Albiceleste tenía en sus espaldas, una reconstrucción debido a la prohibición de participar de competencias representativas para aquella selección campeona del mundo 1950, de mano de la Revolución Libertadora. En esta hazaña, había logrado obtener el Sudamericano 1979 y una victoria frente a la URSS. Con una Confederación de Básquet floja, sin un torneo sólido local, y con una dictadura militar en el país, Argentina se fue a Centroamérica a buscar una plaza olímpica.

El primer partido fue frente a Puerto Rico, con derrota de 93-99. Luego llegó México, con victoria 104-79. Canadá se llevó el tercero 86-89. Hubo victoria ante Uruguay 86-75. Para el siguiente partido había obligación de ganar: con el aporte de Carlos Raffaelli de 36 puntos (no existía el tiro de 3) y Adolfo Perazzo (16 puntos y 12 rebotes), la Selección Argentina superó a Brasil 118-98. Con la victoria luego de 13 años a Cuba 86-75, lograron un tercer puesto que les dio el pasaje a Moscú.

Pero el 8 de mayo del mismo año, Cancillería argentina emitía un comunicado donde recomendaba a los deportistas no asistir a Moscú para que su presencia «no sea interpretada como una demostración de apoyo político a la intervención soviética en Afganistán». En ese mismo momento, José Martínez de Hoz, Ministro de Economía, había cerrado un acuerdo con el gobierno estadounidense, que estaba organizando un boicot a los Juegos en la URSS.

Estados Unidos había llamado a un aislamiento comercial con el país soviético, al que Argentina no se había adherido, por ser el principal proveedor de granos. Medios intervenidos como el Gráfico, y el propio Comité Olímpico Argentino se mostraron a favor de esta medida, y los deportistas argentinos no se presentaron en los Juegos de Moscú, por una decisión plenamente arbitraria.

«En esa época no se podía protestar, no había nada que hacer. Era acatar órdenes. Recuerdo el caso de un jinete que estuvo 6 años preparando esa competencia. Era para matarse», declaró tiempo atrás Adolfo Perazzo. «Sin dudas haber estado en Moscú 80 hubiese representado, tal vez, el despegue para una gran camada de jugadores. Habíamos hecho un gran torneo en Puerto Rico y la clasificación fue merecida. La decisión del gobierno militar fue un duro golpe para todos nosotros y nos quedamos con la ilusión de participar en los Juegos Olímpicos», contó Carlos Raffaelli, capitán del equipo del 80.

Esta ausencia costó 16 años de parate olímpico. Hubo que esperar a la vuelta a la democracia para que León Najnudel fomentara la Liga Nacional, con su inicio en 1984, y que esta competencia le devolviera al básquet argentino la calidad de jugadores necesaria para enfrentar a potencias mundiales en competencias internacionales. Recién en Atlanta 1996 Argentina tuvo presencia olímpica. Y de la mano de la Generación Dorada en 2004, tuvo la posibilidad de acceder a un podio, y a la gloria que le fue arrebatada a dos generaciones de basquetbolistas que los gobiernos de turno se empeñaron en quitarles.

La dictadura cívico militar de 1976-1983 dejó 30 mil vidas desaparecidas, entre ellas, 35 deportistas, como Miguel Sánchez, atleta olímpico, y como Alicia Alfonsín, jugadora de Colegiales. También dejó sin posibilidad de competir a los y las representantes olímpicos en Moscú 1980, entre ellos, la selección dirigida por Miguel Ángel Ripullone.

Foto destacada: archivo

Sol D'Amato

Periodista Deportiva, Profesora de Educación Física y Fotógrafa. Hablo de básquet, género y noticias generales

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