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Suicidio y deporte: ¿qué podemos hacer para su prevención?

A casi dos meses de los suicidios del Morro García, Rodrigo Maya y Alan Calabrese, la problemática sigue latente: ¿existen soluciones? Un equipo interdisciplinario puede ser una de las salidas.

Por Vanesa Vecino
MN. 66768 Lic. y prof. en Psicología

Me parece importante –y hasta a veces más que importante- que estas notas circulen no solo en los momentos en los que se desarrollan estos hechos, sino incluso mucho tiempo antes, o después… Como a continuación.

Hace unas semanas llegaban algunas noticias que nos obligaron a repensar la forma de trabajar en el deporte. En cuestión de días tres reconocidos deportistas, Santiago (el Morro) García -delantero de fútbol de Godoy Cruz-, Rodrigo Maya -jugador de handball- y Alan Calabrese -jugador del club de rugby Ciervos Pampas-, se quitaron la vida. Estamos hablando de personas que formaban parte de un equipo y sobre todo parte de un club, estamos hablando de personas que se dedicaban a representar un nombre en sus camisetas, estamos hablando de personas.

Uno de los recuerdos que acompañó la triste noticia del suicidio del Morro García fue una de sus frases en relación a los jugadores. «No somos robots», frase que citó uno de sus compañeros, expresando la necesidad de reflexionar al respecto… Se supone que los robots son eficientes y sobre todas las cosas no tienen sentimientos ni emociones, pero al parecer los deportistas y me atrevo a decir, los ídolos, tampoco. Es importantísimo detenernos sobre esto, lo piden los hechos y lo piden familiares y compañeros de las víctimas (si, víctimas) cuando exigen profesionales de la salud mental que los acompañen.

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Me es inevitable no destacar la palabra desconocimiento, que encuentro en cada noticia que leo, como también la exigencia mencionada de la atención a la salud mental de los mismos. ¿Acaso será una consecuencia de la no escucha de la otra?

Retomando el primer párrafo, si nos detenemos en el diccionario encontramos que la acepción de ídolo es «figura o imagen que representa a un ser sobrenatural y al que se adora […]». Creo que se pide (y hasta exige) a muchos deportistas estas cualidades sobrenaturales con las que se caracterizan a los ídolos, pero lo cierto es que estas personas son simplemente eso: personas con características de personas a las que les suceden cosas, se emocionan, sienten, sufren y no hay ni fama ni dinero que evite que esas “particularidades” aparezcan. Entonces quizás cabe la pregunta, ¿por qué se espera de los deportistas “que dejen todo afuera de la cancha”, que dejen de ser personas por un rato? E incluso, si se pide algo de esto, ¿qué es lo que se ofrece para darle lugar a aquellas cuestiones personales (incluso patologías como la depresión) que a veces irrumpen? Si hay una deuda con el deporte, creo que es esta.

Sobran historias de personajes (no es casualidad la elección de esta palabra) donde la presión y el estilo de vida ejercen una influencia negativa enorme y poco aparecen las herramientas a disposición para hacer algo con esto. ¿De quién es la decisión de seguir repitiéndolo? Hay una necesidad imperante de comenzar a humanizarlos y con humanizarlos hacemos referencia, entre otras cosas, a escuchar lo que les afecta a estas personas.

¿Podría haberse evitado algo de todo lo sucedido?… Nadie puede afirmar esto, pero si comenzamos a enfocarnos en la detección, prevención y en el acompañamiento de estas personas deportistas de manera integral, estoy segura de que algo va a cambiar.

¿Podemos hacer algo? La importancia de las redes de contención

Ante todos estos panoramas, por supuesto que podemos hablar de señales. Queda en nosotros comenzar a reflexionar y darle por fin un lugar a la salud mental, que como bien vemos, lo pide a gritos. Quizás el desafío será comprender que somos una unidad con nuestro cuerpo y nuestra mente y que no es uno sin el otro.

Como primera señal podríamos mencionar los cambios, de cualquier tipo y magnitud, que podemos observar en las personas con las que frecuentamos. Respecto del deporte y los entrenamientos a modo de ejemplos, quedará en pensar cómo queremos interpretar las llegadas tarde, las “desatenciones” o “desintereses”, las bajas de rendimientos, y comenzar a dar lugar a la pregunta del porqué; donde las únicas respuestas no necesariamente aparecen en lo volitivo, en el “no tiene ganas”. Somos bastante más complejos que eso.

Desde otro aspecto, poder tener charlas tanto grupales como individuales, donde haya una oportunidad de escucha también puede ser crucial, como herramienta y como detección de potenciales conflictos. Estos son solo algunos ejemplos que podrían convertirse en contención para nuestros deportistas.

Me parece importante por otra parte atender a la red de contención con la que cuenta nuestro deportista (amigos y familiares). Sabemos que las horas de entrega al deporte comienzan a recortar otros aspectos en la vida de estas personas. La red de contención es primordial y es una de las primeras barreras que nos defiende de situaciones conflictivas. Fomentar espacios con la red del deportista y dar posibilidades de cuidar estos vínculos, lejos de ser una distracción podrían ser una señal de alarma ante un hecho significativo.

Ante todo este panorama, es menester que los clubes y las federaciones pongan foco en la importancia de formar un equipo interdisciplinario para que las y los deportistas tengan un espacio en el que puedan hablar sobre su vida personal y el impacto de la misma en su vida deportiva. Este hecho no solo impactaría en su rendimiento deportivo, sino que funcionaría como primera barrera de detección de futuras situaciones problemáticas.

Vanesa Vecino
(lic.vanesavecino@gmail.com)

Foto: Vero Simón para AAD

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