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A 70 años del primer campeonato del mundo

Hoy se cumple un nuevo aniversario del primer mundial que se jugó en el Luna Park y donde Argentina fue campeona, por primera y por ahora, única vez. Pero detrás de esta hazaña se encuentran movimientos políticos que ensuciaron el nombre de los primeros campeones del mundo.

Por Sol D’Amato

Pedro Bustos, Hugo del Vecchio, Leopoldo Contarbio, Raúl Pérez, Lito Liva, Oscar Furlong, Roberto Viau, Ruben Menini, Ricardo González, Juan Carlos Uder, Omar Monza, Alberto López, Raul Pérez Varela, Alberto Lozano, Ignacio Poletti, José Ventura y Jorge Nuré, bajo la conducción de Jorge Hugo Canavesi fueron los primeros campeones del mundo de básquet. Los primeros en demostrar las enormes condiciones para el deporte que tiene este suelo. Fueron, para muchos, la primera generación dorada.

Se dice que el primer mundial se jugó en Argentina por varias causas: el país había sido uno de los ocho fundadores de la FIBA (1932). También el general Perón, presidente en ese momento, fue un gran impulsor del deporte, y habría hecho algunas presiones para que finalmente se eligiera como sede. Europa, peso fuerte en el básquet mundial, todavía intentaba recuperarse de la Segunda Guerra Mundial; y Estados Unidos, la creadora del deporte, estaba preocupada por la formación de la NBA. Todos estos puntos influyeron para que Buenos Aires recibiera el primer campeonato del mundo.

Argentina superó en la final a Estados Unidos 64-50 y se consagró como el primer campeón.

Pero estos héroes del deporte nacional vieron sus sueños truncos cuando el país entró en un nuevo golpe de estado, de esos que bañaron con represión y balas las hojas de la historia nacional.

Tras la conquista del 50, el presidente de turno, Juan Domingo Perón, les dio un gran apoyo a los jugadores y cuerpo técnico. Les consiguió la mejor cancha del momento para poder entrenar en los juegos panamericanos de 1951, solventó una gira costosa por España, donde ganaron 14 de 15 partidos disputados. Pero el punto más álgido para esta selección fue que el presidente les gestionó unos permisos para importar autos del extranjero, a modo de premio por el campeonato obtenido.

El deporte y el dinero eran enemigos en ese momento: el amateurismo marrón recién se estaba abandonando en algunos deportes, como el fútbol, y aun en algunos clubes o instituciones se veía con malos ojos. Pero la profesionalización y el olimpismo aún hoy van por caminos separados. Con la llegada del gobierno de facto de Pedro Aramburu, todas estas “excepciones” fueron las piezas necesarias para catalogar a los campeones como “profesionales“, lo que los imposibilitó de por vida a continuar representando la selección nacional, desde su sanción en 1957.

Esta situación llevó al básquet a una reestructuración que le costó años reparar, hasta llegar a los 2000 y la Generación Dorada que nos hizo volar con la palomita de Manu Ginóbili o agarrar rebotes al lado de Luis Scola. “Sin estrellas se hizo imposible que los chicos se fijaran en nuestro deporte“, contó Ricardo González en el libro “1956, donde nace el olvido”.

Pero previo a este final inesperado, los primeros campeones siguieron sumando podios: en los Juegos Panamericanos de 1951 fueron medalla de plata, en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 estuvieron a punto de tocar un podio tras perder con Uruguay. Un dato de este juego es que los jugadores, en respeto al fallecimiento de Eva Perón, vistieron corbatas negras en la ceremonia inaugural. Este mismo equipo fue campeón del mundial universitario de Dortmund 1953 y subcampeones panamericanos en México 1955.

“El beneficio estaba a la vista: cada día había más entendidos y el círculo virtuoso se ampliaba. El básquetbol argentino nunca había vivido un desarrollo similar. Estaba en la cresta de la ola”, reza el folio 0 del libro.

La Revolución Libertadora del 55 llegó, y con ella se fue el sueño de este equipo de seguir creciendo como deportistas de elite, como el de muchos otros allegados o vinculados con Perón. Como cuenta la historia, la mejor manera de cambiar algo es hacer borrón y cuenta nueva, y nada que tuviera que ver con el peronismo iba a estar bien visto. El automovilista Juan Manuel Fangio, la tenista Mary Terán de Weiss y la propia selección argentina, de gran presente deportivo, se vieron vinculados al gobierno anterior, e independientemente a su ideología política fueron “manchados” por el peronismo. Y eso al gobierno de Aramburu y su Revolución no les calló bien. Todos tenían, al momento de la caída democrática, un presente exitoso.

Así, bajo la Comisión Investigadora N° 49, los jugadores fueron suspendidos de por vida, por haber percibido autos, dinero y sustento económico, según ellos, de modo que los ponía en el ámbito de lo profesional. El ataque al básquet comenzó en 1956, cuando la CABB (que se encontraba intervenida) y el Comité Olímpico Argentino dictaminaron que la selección no se presentaría a los juegos de Melbourne de 1956.

Carlos Fontanarrosa, periodista de la revista “El Gráfico”, en una nota de mayo de 1956 decía:

“Hay un silencio sepulcral. Donde tendría que ser movimiento hay una modorra incomprensible. Además de tantas otras cosas, hace falta que los dirigentes hagan jugar básquetbol.
Los que quieren el deporte, tienen que desear estar en Melbourne, no hay nada más importante.
Con respecto a la selección, el mutismo era mayor. Ni una sola idea. No se sabe quienes son los jugadores después de las podas hechas y anunciadas. si por lo menos mencionaran un plan… El mundo se moviliza y nosotros nos debatimos en un inútil papeleo extradeportivo. Los dirigentes amateurs del mundo entero están para llevar, encarrilar y organizar al deporte que tiene que ir a los JJOO. La Comisión Investigadora N° 49 ha hecho llegar los informes de algunos jugadores, pero no se sabe nada sobre los demás. Por nuestra parte tenemos la impresión de que los investigadores no han tenido pruebas suficientes de irregularidades”.

Las irregularidades eran haber recibido como premio en un torneo que disputaron con el club Racing, 17 heladeras y 17 lavarropas, sumadas al permiso de importar automóviles, que según contaron algunos jugadores, muchos vendieron ese permiso porque eran unos “secos”. Esta suspensión fue revocada 11 años más tarde, para 23 de los 36 suspendidos tras la investigación.

Toda esta historia fue narrada en el libro “1956, donde habita el olvido”, de Emilio Gutiérrez, actual director de básquet escolar y universitario de la CABB, una investigación y análisis de lo sucedido en este período donde una selección, con gran talento y un campeonato del mundo encima, fue suspendida de por vida, por un juego político, abrupto e injusto, para un grupo de jugadores que solo supieron dar lo mejor en la cancha.

Foto: CABB – Archivo Emilio Gutiérrez.

Sol D'Amato

Periodista Deportiva, Profesora de Educación Física y Fotógrafa. Hablo de básquet, género y noticias generales

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